LA FLOR DE EDELWEISS

Allí, donde cada rincón es acariciado por un tenue manto helado, donde la nieve cubre las cumbres de las altas montañas, y el frío recorre los valles congelando los lagos, allí, en un lugar perdido entre el paisaje de los enigmáticos Alpes, es donde cuentan que aquella historia ocurrió. Una historia que, a pesar del tiempo trascurrido, con cada nevada su recuerdo vuelva a la memoria de los habitantes de esos valles
Cuentan que el joven y apuesto, estaba enamorado de una mujer, decían, de una belleza casi comparable a la pureza de la blanquísima nieve que cubría el pueblo cada invierno, de tez pálida, ojos grisáceos cabellos rubio casi blanco y rasgos finos y suaves, convirtiéndola en una albina extremadamente hermosa. Edelweiss se llamaba.
Se encontraba Edelweiss recogiendo agua de la fuente cuando él se acercó, tímidamente le cogió de las manos, llevaba días escogiendo las palabras adecuadas para confesarle lo que sentía, pero ahora bajo la hechizante mirada de esos ojos como la niebla, casi olvida por completo lo que le quería decir, titubeando y de la manera más sencilla y sincera logro decir:

  • No podía demorar por más tiempo amada mía, el momento de confesarte todo aquello que por ti siento. Sufro cada noche y cada día de dolor por dentro, al reconstruir tu bello rostro no solo cuando sueño, sino también a cada instante que cierro los ojos, pues es tan grande lo que siento por ti, que ni una tempestad que amenazase con arrasar el pueblo, no podría ni con toda su furia, llevarse un solo ápice de mi amor, ni siquiera toda la nieve de las montañas que nos rodean, serían capaces de apagar el fuego que hace latir cada uno de mis órganos al veros, gentil Edelweiss os amo con todo mi ser.
    Sorprendida pero halagada, recorrió su rostro mirándolo silenciosamente dejando una de sus manos entre las de él, sonrió tiernamente, y con un gesto en un tono totalmente diferente, le dijo:
    -¡Oh amado mío ¡Abrumada me hallo ante tanta galantería! Recibo tus palabras con el dulce mensaje con el que las proclamas. No obstante, ¿no os parece que toda declaración debe estar acompañada de hazañas?
  • Hermosa Edelweiss, aquí donde me veis os pregunto, ¿Qué es lo que queréis? Porque os aseguro que conseguiré todo aquello de lo que carezcáis si así consigo demostraros lo que siento y conseguir, aunque sea una mínima parte de vuestro desvelo.
    Sus finos labios sonrieron dejando ver una dentadura perlina y una melodiosa carcajada rompió la seriedad del momento. Después dijo:
  • Enamorado mío! Os tomo la palabra y os digo, que si no es verdad que por mi amor lo que fuera haríais éste es el momento de que huyáis, porque el reto que os vengo a proponer no está al alcance de miedosos y cobardes.
    La miró sin mediar palabra, dando a entender que quería escuchar atentamente su propuesta, ante la seguridad de él, ella prosiguió:
  • Cuenta la leyenda, que una noche, una de las estrellas de las que relucen en el cielo le lloró a la luna y le declaró que sentía envidia de todo aquello que vivía en la tierra, que deseaba abandonar el firmamento para convertirse en una flor. La luna sintiéndose despechada, decidió vengarse enviándola al pico más alejado de la tierra que en ese momento divisó, eligiendo el Dufourspitze, la enorme montaña que custodia nuestro pueblo. Allí, la estrella bañada por la nieve se transformó en una hermosísima flor de pétalos blancos, que siempre estaría sola en lo alto de la montaña. Es la llamada Flor de las Nieves.
    Hizo una pausa y rompiendo el tono solemne con el que había narrado la historia le dijo:
  • Si es verdad que por mi murieras, allá a buscar esa flor fueras… Y ya te aviso, que, si no la consiguieras, tampoco mi amor obtuvieras.
    El rostro del joven palideció un momento, después volvió a recobrar el color, cuando sus mejillas se encendieron mientras oprimía los puños y apretaba los dientes, sus ojos llamearon cuando juro:
  • ¡Por tu amor Edelweiss, yo te traeré esa flor! Y se marchó con un firme caminar.
    Dicen que pasaron muchos días y que el joven nunca regresó. También dicen que, aunque ella reía todas las mañanas cuando la luz le daba en el rostro, por las noches, cuando nadie la veía, sollozaba y rogaba que él volviera junto a ella.
    Acabó perdiendo el juicio, sin salir de casa y llorando amargamente todas las noches mientras contemplaba el Dufourspitze.
    Su pena culminó una de aquellas frías y largas noches, en la que según cuentan los descendientes de los vecinos de aquel lugar, a las tinieblas salió totalmente desnuda a buscarle, gritando su nombre hasta desgarrarse la voz.
    Desde entonces en su honor, la flor de las nieves es llamada Edelweiss, y es símbolo del amor verdadero y eterno, como el de los dos jóvenes que murieron arropados por la nieve.

by Conchi Ruiz Mínguez

DIOSES DE OTROS TIEMPOS

Hay muchas versiones diferentes del surgimiento de los dioses ancianos y de los olímpicos, pero todos comienzan con una figura, la Madre Tierra. Gea, la Diosa de la Tierra, nació de Caos, emergiendo al principio de la Creación. Junto con ella, surgieron los hermanos Tártaro y Eros. De su vientre brotaron los elementos del mundo. Sólo Gea creó a Urano, el dios del Cielo o del Paraíso, y luego se unieron para producir a los otros Titanes.
Cuando pensamos en la Mitología Griega, a la mayoría de nosotros nos vienen nombres como Zeus y Apolo. Sin embargo, no eran los dioses originales que los griegos adoraban. Asimismo, ellos fueron creados por dioses. Antes de los Doce Dioses del Olimpo, estaban los Titanes. En la mitología también se les conoce como los dioses ancianos. Los Titanes gobernaron sobre la Tierra y el Cielo hasta que fueron derrocados por sus nietos, los olímpicos.

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Aunque Gea creó a su marido Urano, ella fue también la que estuvo detrás de su muerte como Rey. Urano había encarcelado a los Cíclopes y a los Ecatónquiros, seis hermanos gigantes de los Titanes. Enfurecida por esto, Gea animó a su hijo Crono y a sus hermanos a rebelarse contra Urano y librarle de su poder. Cuando el dios del cielo descendió a la Tierra, Crono lo castró con una hoz mientras cuatro de sus hermanos sujetaban a Urano.
Crono entonces arrojó los genitales del antiguo rey al océano de donde surgió la diosa del amor, Afrodita. Sus hermanos gigantes fueron liberados del vientre de Gea donde Urano los había encarcelado, temiendo una rebelión como esta. Se desconoce el destino final de Urano, se cree que una vez impotente se retiró de la Tierra o murió de sus heridas. La castración de Urano es el acontecimiento que separó el cielo de la tierra.
Después de la separación, Gea produjo descendencia con su hijo Ponto. En otras versiones se apareó con su hermano Tártaro para tener más hijos. Gea fue el elemento primordial del que se originaron todos los dioses adorados por los antiguos griegos. Eventualmente fue reemplazada por otros dioses más nuevos. En la historia romana se la conoce como Terra o Tellus.
Jápeto es un dios titán de la mitología griega, y por lo tanto, un dios de la generación anterior a Zeus y los otros olímpicos.
Como dios Titán, Jápeto era hijo de Urano (Cielo) y Gea (Tierra), dos deidades primordiales. Este parentesco significaba que Jápeto tenía cinco hermanos, Crono, Crío, Ceo, Hiperión y Océano, así como seis hermanas, Rea, Temis, Tetis, Tea, Mnemósine y Febe.
El nombre de Jápeto puede traducirse como “ensartar con lanza”, lo que sugiere un dios de la violencia, pero el papel de Jápeto era más amplio, ya que fue nombrado un dios griego de la Mortalidad. Jápeto era también uno de los pilares que mantenían separados al Cielo y a la Tierra.
Cuando Urano descendió del cielo a la tierra para aparearse con Gea, cuatro Titanes, Jápeto, Hiperión, Ceo y Crío se posicionaron en las cuatro esquinas de la Tierra y sujetaron a su padre, cada uno desde una de las cuatro esquinas. Crono entonces empuñó una hoz infalible y castró a Urano.
Ese acto hizo que Urano perdiera mucho de su poder, y regresó a los cielos, mientras que Crono tomó el manto de deidad suprema del cosmos. Crono conduciría a los Titanes a un período que se conocería como la Edad de Oro, cuando el universo prosperó, una prosperidad que Jápeto hizo mucho para que sucediera.
La Edad de Oro de la mitología griega llegaría a su fin cuando Zeus alcanzara la mayoría de edad, y se levantaría contra su padre Cronos y los otros Titanes.
Jápeto era considerado uno de los Titanes más destructivos y uno de los más grandes luchadores. Desafortunadamente no hay textos de la antigüedad que detallen los acontecimientos de la Titanomaquia, la guerra de diez años entre los Titanes y los Olímpicos.
Se dice que los Titanes encarcelados en el Tártaro residieron por toda la eternidad, aunque algunas fuentes sobrevivientes hablan de que Zeus los liberó en un acto de clemencia años después.
Jápeto es posiblemente más famoso por ser padre de quien fue que por ser el Oceánide Clímene (o Asia). El dios Titán fue padre de Atlas, Prometeo, Epimeteo y Menecio, cuatro Titanes de segunda generación.
Los cuatro hijos, a su manera, enfadaron a Zeus, y fueron castigados en mayor o menor grado, al igual que Jápeto. Por luchar contra Zeus, Menecio fue encarcelado en el Tártaro, mientras que Atlas sostendría para siempre los cielos, reemplazando el papel de pilar de su padre y sus tíos.
Aparte de los famosos cuatro hijos, Jápeto es nombrado ocasionalmente padre de otros dos descendientes. El primero de ellos fue Búfago, un héroe arcádico que cuidó a un Ificles moribundo, y que más tarde fue disparado por Artemisa cuando hizo avances que no gustaron a la diosa. Podría ser que el padre de Búfago fuera un rey llamado Jápeto, no el Titán.
Todas estas bonitas historias no se parecen en nada a lo que nos cuentas los astrónomos de Jápeto, el satélite que lleva su nombre. Para ellos, Jápeto es sólo uno de los satélites del planeta Saturno, el octavo más distante al planeta y el tercero en tamaño, con un diámetro de alrededor de 1500 km, después de los satélites más grandes Titán y Rea. Fue descubierto por Giovanni Cassini en 1671. Tarda en completar una vuelta alrededor de Saturno 79,33 días terrestres, a una distancia media de tres millones y medio de kilómetros.

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Uno de los hemisferios del satélite es mucho más oscuro que el otro, peculiar característica que se podría deber a una composición distinta del material de la superficie, proveniente del interior de la propia luna o bien de materia de otros satélites o anillos. No se conoce con certeza el motivo real, aunque la segunda hipótesis cada vez es más apoyada por evidencias observacionales

Sinceramente, me quedo con la otra versión, más poética, más romántica y acorde con mis sentimientos, pero ustedes queridos lectores, son muy libres de pensar lo que quieran.

Un fuerte abrazo de luz,

By Conchi Ruiz Mínguez.

PLÉYADES

Pléyades, las estrellas. Eran hijas del titan Atlas y de la oceánide Pléyone. Eran siete. Forman la constelación de las Pléyades y según la tradición, fue Zeus el que las colocó con las estrellas, después de haberlas convertido en palomas para protegerlas de Orión, que las perseguía. Otra leyenda dice que ellas mismas se ataron, desesperadas por el castigo que Zeus había impuesto a su padre y después, se transformaron en estrellas.
Si os fijáis bien, las podéis ver en las noches de verano, porque son estrellas estivales.

Este es el consejo que daba Hesíodo a los navegantes que se hacían a la mar en las noches oscuras.

«Cuando las Pléyades huyan del poderoso Orión
y se hundan en las brumosas profundidades
y todos los borrascosos vientos rujan,
no sigas entonces con tu barco en el oscuro mar
si no, como te pido, recuerda trabajar en tierra

En la mitología griega, las Pléyades eran las siete hijas del titán Atlas y la ninfa marina Pléyone, nacidas en el monte Cilene. Son hermanas de Hiante y las Híades y, en algunas versiones, también de Calipso y de las Hespérides. Las Pléyades eran ninfas en el cortejo de Artemisa, compartían la afición por la caza de esta, y como ella intentaban mantener su virginidad.

Para los astrónomos las Pléyades o Las siete hermanas (Messier 45 o M45) es un cúmulo estelar abierto que contiene estrellas calientes de tipo espectral B, de mediana edad, ubicadas en la constelación de Tauro. Está entre uno de los cúmulos estelares más cercanos a la Tierra, y es el cúmulo mejor visible a simple vista en el cielo nocturno. Las Pléyades albergan un prominente lugar en la mitología antigua, así como una diversidad de significados en diferentes culturas y tradiciones. El polvo que forma una débil nebulosidad de reflexión alrededor de las estrellas más brillantes se pensó en un principio que provenía de una disgregación de la propia formación del cúmulo (de ahí el nombre alternativo para nebulosa Maia en vez de estrella Maia), pero ahora se sabe que es una nube de polvo no relacionada en el medio interestelar, a través de la cual las estrellas están pasando actualmente.

LA CASA DEL ÁRBOL

Avatar de conchiruizmínguezEl blog de Conchi Ruiz Minguez

Tras la muerte de mi madre, mi padre, viajante de comercio, me envió a vivir con sus primas, Brenda y Dolly Talbo, dos hermanas solteronas. Hasta entonces no se me había permitido visitarlas y por razones que nadie supo con certeza, Brenda y mi padre no se dirigían la palabra. Posiblemente mi padre le pidiera dinero prestado y ella se lo negó, o es posible que Brenda le hiciera un préstamo y él no se lo devolviera, lo cierto es que era un tema de dinero pues nada les importaba tanto sobre todo a ella, la mujer más rica del pueblo. Bien, el caso es que mi padre dijo que jamás pondría los pies en su casa y se dedicó a difamar a sus primas, de Brenda que era morfinómana y en cuanto a Dolly algo tan ridículo que hasta a mamá le pareció demasiado. Creo que mis padres estaban…

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LA CASA DEL ÁRBOL

Tras la muerte de mi madre, mi padre, viajante de comercio, me envió a vivir con sus primas, Brenda y Dolly Talbo, dos hermanas solteronas. Hasta entonces no se me había permitido visitarlas y por razones que nadie supo con certeza, Brenda y mi padre no se dirigían la palabra. Posiblemente mi padre le pidiera dinero prestado y ella se lo negó, o es posible que Brenda le hiciera un préstamo y él no se lo devolviera, lo cierto es que era un tema de dinero pues nada les importaba tanto sobre todo a ella, la mujer más rica del pueblo. Bien, el caso es que mi padre dijo que jamás pondría los pies en su casa y se dedicó a difamar a sus primas, de Brenda que era morfinómana y en cuanto a Dolly algo tan ridículo que hasta a mamá le pareció demasiado. Creo que mis padres estaban muy enamorados porque cada vez que tenía que irse de viaje, mamá lloraba. Se casó con 16 años y murió antes de los 30. La tarde en que murió, mi padre sin dejar de gritar su nombre, se arrancó la ropa y se puso a correr desnudo por el jardín.

A día siguiente del entierro Brenda llegó a casa. Era bonita y flaca como un palo, pelo corto y canoso y pómulos delicados. Abrió la puerta y entró sin vacilar y se quedó parada mirando a su alrededor. Papá se había dedicado a romper después del funeral, todo lo que tenía por delante contra el suelo, la pared, o las escaleras. Brenda recorrió con la mirada aquel caos.

— He venido a hablar contigo— dijo con fría cordialidad.

— Sí, siéntate. Suponía que vendrías

Esa misma tarde vino Catherine, la amiga de Dolly, a recoger toda mi ropa. Papá me llevó en el coche a la casa impresionante y sombría de Talbo Lane. Al marcharse no dejé que me abrazara, tenía miedo de él y ahora lo siento de veras porque unos días después su coche derrapó y se precipitó desde una altura de 20 metros. Cuando volví a verle, le habían puesto dólares de plata en los ojos para que se cerraran con el peso.

Excepto para decirme que era muy bajito para mi edad, once años, siempre había pasado desapercibido y ahora todo el mundo al verme decía ¡Pobrecito Kevin! ¡Qué pena! y yo me hacía el apesadumbrado porque sabía que era lo que gustaba a la gente. Y en la escuela saqué las notas más altas, cosa que nunca había ocurrido.

Por fin y ya más calmado, conocí la existencia de Dolly y cuando lo hice, me quedé prendado de ella. Era una de esas personas capaces de disfrazarse de objeto en una habitación o de sombra en un rincón. Calzaba zapatos silenciosos y trajes sencillos hasta los tobillos. El pelo rubio y canoso se lo recortaba constantemente con las tijeras de podar. Catherine vivía en una casita blanca en el jardín de la casa, era de África y tenía la piel tan negra que destacaba de entre los girasoles y decía que era india y vestía como igual que ellos. Nadie entendía lo que decía, solo Dolly, le faltaban casi todos los dientes y Brenda solía decirle: “Maldita sea, Catherine, si no hay manera de entenderte vete al doctor para que te ponga algunos dientes en la boca”. Sólo Dolly la entendía.

Nos hicimos amigos Catherine, Dolly y yo. Tenía 11 años y de repente tuve 16. No hubo notas muy brillantes, pero fueron unos años muy agradables. Los domingos nos íbamos los tres al bosque a coger plantas y troncos para las medicinas que preparaba Dolly para todo tipo de enfermedades, primero las regalaba y era tanta la demanda que muy sabiamente pensó en tener beneficios, empezamos a recoger de la casa botellas de plástico, ellas hervían un caldero enorme de agua y removían la mezcla el tiempo conveniente que Dolly creyera, yo era el encargado de los tapones y como darle la forma al corcho era muy lento y aburrido, acabé con tapones de papel enroscado, poniendo a continuación a unas cajas de madera cuidadosamente colocadas las botellas. Brenda no sabía nada de ésto porque jamás entraba en la cocina y comía sola en el gran comedor, lo que nos hacía felices a los tres. Una noche en el jardín pusimos el caldero que estaba hasta arriba para un gran pedido y la sombra apenas visible de Brenda se me clavó en los ojos, nos vigilaba. Dolly raramente aguantó su rabia cuando bajito se lo dije y Catherine dijo algo pero lógicamente no la entendí y menos hablando bajito. Y pasaron varios días cuando Brenda nos contó que iba a Chicago a unos asuntos. Nos extrañó porque no salía de la casa más allá de la iglesia y los entierros, aborrecía las bodas, pasada la sorpresa nos alegramos de su marcha porque adelantaríamos el trabajo, que iríamos al bosque todos los días y que las misas las escucharíamos más adelante todas juntas.

Una semana después apareció la tía Brenda y no sola, con un señor altivo, con corbata de lazo y aspecto adinerado que inclinaba la calva para saludar a todos los que pasaban a su lado. Se hospedó en el hotel más lujoso del pueblo, en realidad solo había ese, los demás eran hotelitos. Brenda nos dio la noticia, era el doctor Norton de Chicago que había llegado a un acuerdo con ella para analizar y patentar las medicinas de Dolly. Yo no me atrevía a mirar su cara, pero me la imaginaba de todos los colores menos su blancura habitual.

— Kevin, Catherine, dejarnos solas. Kevin subió rápido las escaleras y busco una rendija para saber lo que estaba ocurriendo.

— Todo esto lo hago por ti ¡solo por ti!— estaba diciendo Brenda

— ¿Todo por mí?— su voz sonaba triste— Tú eres de mi propia carne y te amo, pero no me quites lo único que es mío, deja que eso me pertenezca. Siempre dices que nos has dado todo a Kevin, Catherine y a mí, pero creo que nos lo hemos ganado manteniendo la casa cuidada y en orden ¿no es verdad?

— ¡Oh, una casa cuidada, tú y ese tonto escandaloso ¿sabes por qué no invitaba a nadie a esta casa? Pues por una razón, ¡estoy avergonzada de vosotros! Pude oír el profundo suspiro de Dolly.

— Lo siento, de veras que lo siento, pensé que nos necesitabas. Nos marcharemos

— ¡Pobre Dolly! ¡Pobre infeliz! ¿Adónde vais a ir?

La respuesta llegó, tan frágil como una polilla.

— Conozco un sitio.

Era una noche de septiembre pero me desperté y Dolly estaba junto a mí. Empezaba a amanecer.

— Chist Kevin, sólo quería que supieras adónde nos vamos.

— ¿A la casa del árbol?— dije y Dolly afirmó con la cabeza.

— Y no te olvides del peine.

El reloj del pueblo estaba dando las campanadas, cuando daba la quinta Kevin ya llevaba sus ropas puestas. Catherine se nos unió con una gran bolsa de plástico. Tenía los ojos hinchados, había estado llorando. Sigilosamente cruzamos el jardín y salimos de la casa y caminamos al bosque. El árbol parecía un cuenco lleno de todas las fragancias de septiembre. “Se va a caer y nos vamos a romper la cabeza”: —dijo Catherine. Pero no fue así y ella, a pesar de su abundante trasero, no tuvo dificultad para subir la escalera y al llegar arriba abrió la gran bolsa de hule y sacó el desayuno, todas las sobras de la cena del domingo con el desencantado doctor de Chicago que se marchó sin las fórmulas de Dolly y el desencanto de su negativa.

Al día siguiente el pueblo entero conoce la noticia a través de un joven cazador. Brenda pone una denuncia de la desaparición de “sus seres queridos” y la posible locura de su hermana. El Sheriff fue autorizado por Brenda por alegar que se habían llevado joyas y cosas de valor, así que ésto fue puesto en conocimiento del juez y como no, del Reverendo Caster para interferir con Dios y salvar su almas cuando vivía junto a una condenada de envidias y críticas, la de su esposa. Todos fueron al árbol. Trataron por todos los medios de palabras y obra sacudiendo el árbol, de hacerlos bajar. Dolly les ofreció muslos de pollo y pasteles un poco secos ya. Solo el juez aceptó, subió al árbol, colgó su reloj de oro en una rama y dejó pasar las horas sin decidirse a marchar.

— Dos mujeres solas con un chico joven a merced de la noche y la estupidez del Sheriff imposible de saber hasta dónde puede llegar. Me quedo con ustedes. — Y nunca se marchó.

La reconciliación.

Brenda después de varios meses, cuando aquel septiembre quedaba muy lejos y las lluvias desaparecen, cuando las estrellas empiezan a jalonar los cielos, fue hasta el árbol y subió a él. Todos guardaron silencio y las miradas de las hermanas quedaron fijas haciendo salir las palabras calladas.

— Quiero que vuelvas Dolly, pero no eres la misma

— Te equivocas, he seguido tu consejo y he dejado de agachar la cabeza, te dedicamos nuestras vidas Catherine y yo; y resultó muy doloroso saber que habíamos desperdiciado nuestro tiempo.

— Si, lo sé. No me encuentro bien, soy una mujer enferma, de veras, Dolly

— Nunca pensé que tendría que decirte que yo también me avergonzaba de ti.

Yo observaba la escena y miraba la cara del juez que había perdido el color y sus ilusiones de cumplir su sueño junto a Dolly.

— No recojáis nada, dejad todo aquí, es hora de marcharnos— la voz de Dolly sonó sin matices.

Atrás quedaba la hierba húmeda, el árbol gigante donde seguramente se resguardarían de las lluvias los pájaros que nos despertaban por las mañanas. Atrás quedaba un gran trozo de mi vida que me enseñó a no agachar la cabeza y a no levantarla demasiado.

MUJERES EN LA CIENCIA KATHY SULLIVAN


«Yo a los palacios subí, y a las cabañas bajé»

Don Juan Tenorio

La frase de Zorrilla retrata perfectamente la personalidad de la científica Kathy Sullivan, que lleva literalmente una vida de altibajos: igual la encontramos con las estrellas del cielo que con las estrellas de mar.
Todo lo que conocemos del planeta Tierra y del espacio es gracias a numerosos investigadores que trabajan, día tras día desde hace cientos de años, para desentrañar todos los misterios que nos rodean. Sin ellos, sería imposible entender la vida y el contexto en el que se desarrolla. Y dentro de ese increíble grupo de exploradores, destaca un nombre por encima de todos: Kathy Sullivan de 68 años.
En 1984 esta oceanógrafa y astronauta fue la primera mujer estadounidense en realizar una caminata espacial. Treinta y seis años después se convirtió en la primera mujer en llegar al Challenger Deep. El abismo Challenger llamado también fosa o sima de Challenger en el Océano Pacífico en el extremo sur de la fosa de las Marianas, es el punto más profundo conocido en la hidrósfera de los fondos marinos de la Tierra, situado entre 10.898 y 10.916 metros bajo el nivel del mar. Recordamos que el Everest está a 8.848 metro de altitud.
Ambos logros también la convierten en el primer ser humano que viaja al espacio y llega a lo profundo del océano, un lugar que han visitado solo ocho personas.
Esta última hazaña se logró el pasado 7 de junio y el anuncio lo hizo Victor Vescovo, un empresario y aventurero que viajó junto a Sullivan y que tiene el récord de ser la primera persona en llegar a los 5 puntos más profundos del océano. Sullivan y Vescovo se sumergieron en el Limiting Factor (LF), un vehículo diseñado para grandes profundidades.

Después de 4 horas de ascenso, el LF volvió a la superficie, desde donde se coordinó una llamada con la Estación Espacial Internacional, que en ese momento estaba a una altura de 408 km.
“Dos grupos de humanos que utilizan tecnología punta para explorar los confines de nuestro mundo”, dijo Rob McCallum, uno de los líderes de la expedición de EYOS. Anteriormente se pensaba que eran áreas desoladas, pero en realidad el mar profundo rebosa de vida. Ahí se han encontrado nuevas especies de crustáceos anfípodos, muy parecidos a los camarones (1)
La ex astronauta de la NASA Kathryn Sullivan, N5YVV, ha pasado su carrera abriendo nuevos caminos en la ciencia. El 11 de octubre de 1984 se convirtió en la primera mujer estadounidense en completar una caminata espacial, y en abril de 1990 formó parte de la tripulación del transbordador espacial STS-31, que desplegó el telescopio espacial Hubble en la órbita de la Tierra; posiblemente uno de los logros científicos más innovadores del siglo XX.

En 1992, Sullivan fue el comandante de la carga útil a bordo del transbordador espacial Atlantis en una misión para colocar el experimento del Laboratorio Atmosférico para Aplicaciones y Ciencia (ATLAS-O) en la estación espacial Sp
En total realizó más de 532 horas en el espacio antes de retirarse de la NASA en 1993.
Liberado de las restricciones de la atmósfera oscura de la Tierra, el Telescopio Espacial Hubble dio a los astrónomos una visión sin precedentes del cosmos, lo que condujo a una mayor comprensión del funcionamiento del Universo, su pasado y su futuro potencial.
BBC Sky at Night Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a Sullivan sobre sus experiencias trabajando en la misión Hubble.

  • ¿Qué te llevó a ser astronauta?
    El amor por los mapas y las aventuras de exploradores como Jacques Cousteau y los primeros astronautas se combinaron con mi propia curiosidad para hacerme anhelar tener aventuras similares y conocer el mundo tan rico como parecían conocerlo.
    Este anhelo condujo, eventualmente, a que me convirtiera en oceanógrafa y emprendiera varias expediciones importantes en alta mar.
  • ¿Cuál crees que es el legado del telescopio espacial Hubble?
    Transformó la astronomía científica y socialmente, cambiando nuestra comprensión de cómo funciona el Universo y nuestro lugar en él.
    El propio Julio Verne decía: No hay obstáculos imposibles; hay voluntades más fuertes y más débiles, ¡eso es todo!

Conchi, EA8EI


(1) https://www.bbc.com/mundo/noticias-52988767
Información y foto 3: NASA

MITOLOGÍA EGIPCIA

Decir Egipto es como si fuera hablar de un mundo de misterios, de luchas, de inmensos ríos o grandes desiertos, pero podemos traducirlo en una sola palabra: belleza.
La antigua civilización egipcia era básicamente conservadora. A pesar de que abarcó más de tres mil años, cuando encontraban la solución a un problema, se ceñían a ella, es decir, en la mayoría de los aspectos, por ejemplo, el arte y la tecnología. La única excepción como el sistema de creencias religiosas que evolucionó lentamente y cambió a veces de modo sutil y otras radical. Por eso es una de las áreas más complejas de la egiptología y la más abierta a polémicas y debates entre eruditos y entusiastas por igual.
Estas polémicas a menuda radicaban en la falta de objetividad en la propia egiptología, campo científico con apenas doscientos años de tradición y estuvo en el deseo de legitimar la Biblia como por la codicia del oro y los tesoros de los antiguos egipcios. Las únicas fuentes con que contaban los primeros académicos fueron las clásicas: Herodoto, Alejandro Magno, Ptolomeo y la Biblia, y todas ellas coincidían en que los egipcios eran “tiranos crueles”, visión que popularmente ha pervivido hasta nuestros días. Sin embargo, la ciencia moderna ha dejado al descubierto una historia muy diferente.
La arqueología ha demostrado que los primeros moradores del Valle del Nilo procedían de diversos lugares, aunque no tengamos muchas evidencias de una descendencia nativa indígena porque la mayoría de las migraciones llegaron de África. Formaron comunidades aisladas donde desarrollaron sus propias lenguas, costumbres y creencias. Estos grupos se unieron en una sola nación tras una larga serie de conquistas que comenzaron hacia el año 3.400 antes de Cristo y acabaron 700 años después.
Nace un reino al que podemos llamar Antiguo Egipto, con una única lengua y bajo el gobierno de un solo Rey que, en el primer milenio, este nuevo mundo estuvo gobernado por un rey temido por todos y considerado un semidiós. Los relatos mitológicos se transmitían de boca a boca y fue a la caída de esta monarquía cuando se vio la necesidad de dejar constancia de ello.
Estos mitos creaban y alimentaban el mundo de los egipcios, tal vez alrededor de un 0,1 por ciento de la población supieron leer y escribir, los demás trabajaban la tierra y dependían de los narradores para entretenerse. Para los niños que acudían a la escuela era parte fundamente de su educación recoger por escrito los mitos, y muchas veces han llegado a nosotros gracias a las copias de los colegiales.
Los primeros hallazgos arqueológicos demuestran que antes y durante la unificación, el culto al ganado dominaba las creencias. El ganado, una especie de vaca enorme de grandes y anchos cuernos, era reverenciado y los reyes se identificaban con él. También se observa una firme creencia en la vida después de la muerte, pues los cuerpos enterrados en posición fetal, yacían con la cabeza hacia el Sur y de cara al Oeste, en la dirección de la puesta del Sol, acompañados de comida, bebida y enseres personales.
Los mitos egipcios trataban de explicar al pueblo cómo comenzó el mundo y qué les ocurrirían cuando murieran. Los protagonizaban héroes fallecidos mucho tiempo atrás, cuyo ejemplo tanto podía inspirarlos como aterrorizarlos.
La revolución nacional afectaba a pocos fuera del cerrado círculo real, para la mayoría era una mezcla de magia y superstición, los relatos les hablaban de la creación del mundo (los mitos de la creación) de que el hombre podía derrotar a la muerte, del poder y la sabiduría de las mujeres sobre los viles y de que el bien siempre triunfaba sobre el mal. También había relatos de terror, la destrucción del hombre.
Según las creencias y la ley egipcia, ningún hombre podía juzgar a otro, ni en vida ni tras la muerte. Según este sistema creían que el cuerpo con el corazón intacto, resucitaba mediante la ceremonia de la boca y que luego se dirigía al Oeste, al salón de Osiris, donde los difuntos tenían que enumerar sus acciones en vida y aunque la lengua mintiera, el corazón diría la verdad. Tras terminar de hablar, el difunto tenía que presentar su corazón para contrapesarlo, para lo que se colocaba un amuleto en la tumba, un escarabajo en forma de corazón que representaba el equilibrio cósmico. Si pesaba demasiado era porque el difunto era culpable y entonces sufría una segunda muerte a manos del devorador de muertos. El pobre desgraciado se convertía en un espíritu maligno que llevaba la enfermedad y la muerte a los humanos, y que los médicos expulsaban mediante palabras poderosas y amuletos.
Estos talismanes protegían de todo tipo de males a los egipcios, quienes los creían muy poderosos. Las imágenes del udyat, el ojo de horus protegían a los niños, las de Taweret, una hembra de hipopótamo preñada ayudaba a las mujeres a concebir, mientras que una rana diminuta ayudaba a evitar los abortos. El dios enano Bes está relacionado con todo tipo de acciones, pero él y su homóloga femenina Beset protegía a la mujer en el parto. Solían colocarse pedazos de marfil planos o curvados, inscritos con palabras mágicas y figuras legendarias de grifos y serpientes, sobre el vientre de la parturienta para alejar a los espíritus malignos. A los muertos solía rodeárselos de multitud de amuletos. Los reyes y la gente acaudalada los hacían incluir entre los vendajes desde un reposa cabeza hasta un escarabajo mágico colocados sobre el corazón.
El culto a los animales, a diferencia de lo que suele creerse, los egipcios no adoraban a los animales. En la época predinástica, cada población adoptaba a un animal que lo representara. Podía tratarse tanto de un halcón, famoso por su rapacidad y sus súbitos lanzamientos en picado, como de un león o un cocodrilo, animales reverenciados no sólo por su gran fuerza sino también por su gran poder. A los egipcios de a pie no se le permitía la entrada al templo o la participación en la religión protocolaria. Sin embargo, cada templo criaba a sus animales locales, que luego podrían cambiarse por bienes. Quien compraba el animal, lo sacrificaba y lo momificaba para que su espíritu volara hasta el dios local, para plantearle preguntas y pedirle ayuda. Millones de animales fueron sacrificados y amontados en catacumbas, donde descansan hasta hoy.


By Conchi Ruiz Mínguez

CABALLITOS DE MADERA

En esas noches de insomnio interminables, tu imaginación no para de dar vueltas a los acontecimientos del día, a las dificultades que tantas personas están atravesando en esta pandemia de cuyo nombre no quiero acordarme. Mi sueño no dormido trata de un pueblecillo perdido cerca de Zaragoza, que no tiene ni nombre como tantos otros de por allí.
No era nada extraño que amaneciera como cada día, que el Sol se desperezara con lentitud y atisbara si su resplandor llegaba a todos los puntos de los campos y tejados. Tampoco era nada extraño que la Luna esa noche se quedara al resguardo de las nubes que no le permitían brillar para derramar la lluvia que guardaba desde hacía días. Era octubre, la entesala del invierno.
Gregorio cada mañana salía de la casa y miraba hacia el Cielo ya por costumbre porque, aunque lloviera, tronara o hiciese sol recorría el pueblo con parsimonia y mirando las puertas cerradas de los que no madrugaban y se perdían lo mejor de la vida, verla nacer cada mañana.
En menos de una hora se le acababa el pueblo de casitas blancas y salía a pleno campo. Lo contempló un largo rato. Las alpargatas se iban inundando de barro y Gregorio las rascaba una con otra y volvía al pueblo.

  • ¡Buenos días Tomás, hoy has madrugado! Dame un café bien calentito y algo para echar al estómago.
  • No ha llegado la Petra con el pan todavía, seguro que se quedó dormida y se le cortó la harina y ¡hala, vuelta a empezar! Pero tengo unos bollos de nuestra tierra que me regaló ese señor de Zaragoza que viene de vez en cuando y que maneja los dineros del banco, ¿tú tienes dinero ahí?
  • ¡Yo no Tomás, cuando cae algo lo meto en los bolsillos y sobra sitio, y tú?
  • En una caja de zapatos debajo del mostrador. Los dos rieron.
  • ¿Cómo te va la huertica?
  • Bueno, ahí va, las lechugas y el manzano son lo único que dan y no mucho, le falta sitio porque la tierra es buena, pero poca. Luego te traigo algo, ¡hasta luego, gracias por el café!
    Dicen que por el mundo existen almas perdidas, almas que no se ven, pero se sienten en todos los hechos de las personas, si la tienen.
    Algunas puertas empezaban a abrirse.
  • Buenos días Eloy, tempranico ¿no?
  • Hoy si Gregorio porque me traen madera.
  • Si quieres te ayudo.
  • Hombre, no me vendría mal. O igual viene con el muchacho.
  • Pues me avisas y aquí me tienes y si te sobra algo, ya sabes.
  • ¿Cómo van tus caballicos de madera?
  • Ahí quedan unos cuantos, pero sin armar porque no me queda cola.
  • ¿Y porque no le dices al ferretero que te de una poca?
  • ¿A ese?, si es un tacaño y le duele hasta gastar el jabón para lavarse.
  • Tú le llevas una lechuga y ya verás, tan contento,

Lo más bonito que lloré sola, son gente de pueblo de los que hay muchos por ahí. Este Gregorio se había queda solo desde niño, su padre hacía muñecos de madera, juguetes y los vendía en su puestecico. A la gente le gustaba porque él no usaba cola, los encajaba y no los pintaba, le gustaba el color de la madera. Que oliese y se viese la madera. Tampoco le gustaba mirar a la Virgen ¿por qué la virgen tiene la cara colorada? La que yo tengo en casa de mi madre no está pintada y tiene los ojos negros. Cuando era niño la raspó y la dejó blanca y el padre le dijo que hiciera caballos de madera y yo le ayudaba y con eso y con la huerta aprendí que las lechugas alimentaban y que con las manzanas gozaba.

  • Pero, ¿vives solo?,
  • Otra vez, que mi madre preñada que me iba a traer un hermanico, que mi padre se murió de pena, pero no. Se fue y encima se llevó al hermanico. Entonces ya me dediqué a la huertica y a mis caballitos.
    Alguien le pregunta
  • ¿tienes muchos?
  • Uff…, pero hasta que no los pegue porque se le caen las patas, las de delante las hago seguido, pero las de atrás que son las que empujan por si salen.

Se sentaba en la puerta y empezaba a limar las maderas, con parsimonia, sin prisas, con cariño, y a hacer caballitos hasta que se le acababa la madera, pero hay un dicho que le enseñó su madre, que antes de irse le dijo que, si ayudas a la gente, la gente te ayudará a ti. ¿en qué madre? Y la madre le comentaba, eso no lo sabemos hasta que ocurre, pero no olvides nunca lo que te he dicho.
Seguía lloviendo y Gregorio tomó el camino de la carpintería

  • ¿Te trajeron la madera?
  • ¡Que va!, estos no tienen prisa y si llueve menos. ¿has ido a lo de la cola?
  • No, para allá voy a ver si hay suerte… por si acaso le llevo dos lechugas en la bolsa
    La puerta estaba entreabierta y el Federico dentro.
  • Buenos días Don Federico
  • Hombre Gregorio, ¿tú por aquí?
  • Sí, verá, venía a pedirle un favor, vamos, si puede ser. Usted sabe que hago caballicos de madera y a los chiquillos les gusta y la gente pasa y lo compran y eso me ayuda, pero me he quedado sin cola y tengo un montón de esos caballicos con las patas colgando y venía a pedirle el favor si podía dar un poquito y apañarlos.
  • Bueno, ya sabes que eso lo vendo, ¿me lo puedes pagar?
  • Pues la verdad que no. Venía de favor. Se acerca la navidad y es cuando más me compran. A los padres le sale barato y los chavales disfrutan.

Don Federico se rasó la nuca y se le quedó mirando

  • ¿Y los vendes caros?
  • No, que va, pero por ser los Reyes siempre subo un poquitín más y a veces me dejan propina. La gente del pueblo es buena gente y me conocen desde que era un rapaz.
  • Sí, conocí a tus padres, buena gente. Bueno, mira, ¿hacemos un trato?
  • Usted dirá.
  • Yo te doy un bote de cola grande y cuando tengas los caballos me regalas cuatro…son pa mis nietos.
  • ¡Hecho! Gracias Don Federico.
  • No, no, gracias no, esto es un trato.
  • Pues hala, yo también voy a hacer algo. Le regalo dos lechugas
  • ¿De tu huertica?
  • Si claro, son las mejores lechugas que hay por too Zaragoza, así que ¿trato hecho?
  • ¿Quieres pintura de colores?
  • No Don Federico, los caballicos que hago son del color de la madera porque así nacieron de las manos de mi padre y ahora de las mías.
    Cuando Gregorio salió hacia su casa, ya casi todas las puertas habían abierto, hasta la Iglesia estaba abierta
  • ¡Adiós Padre!,
  • Buenos días, ¿no vas a entrar?
  • ¿Y por qué me pregunta si sabe que no me gusta ver a los Santos colgados y pintados? Yo tengo la virgen de madera de mi madre y me escucha más que si entro dentro, porque ella me conoce desde que me parió mi madre. Y si algún día me voy, que me iré, ya sabré que hacer con mi Pilarica.
    Todo contento pasó por la carpintería y levantando el tubo de pegamento exclamó
  • ¡Ya lo tengo! Y, por cierto, le di las lechugas.
  • Oye Gregorio, te quiero comentar una cosa, a todos los que vienen a comprar y hacer algún encargo les hablo de tus caballitos y como el que no quiere la cosa, les hablo de que los vendes a buen precio. Y ahora que vienen las navidades puede ser un buen regalillo pa los chavales.
  • Gracias por todo Eloy
    De una estantería cogió un paquete y se lo dio a Gregorio.
  • ¿Qué es esto?
  • Bueno, ya lo verás.

Ya en la casa, contento y feliz, abrió el paquete, eran unas alpargatas sin agujeros por donde entrara el agua y recordó una frase de su madre, “si ayudas a la gente, la gente te ayudará a ti”

By Conchi Ruiz Mínguez

EL NORTE DE ÁFRICA

ÁFRICA es un gran continente, eso nadie puede decir lo contrario, pero los que hemos tenido ocasión de vivir en él en algún momento de nuestra vida, es mucho más que eso. Como se afirma rotundamente en Andalucía, “tiene un color especial” y yo añadiría que todo en África es especial.

Pasé algunos años de mi vida en el antiguo Sáhara Español, hoy territorio marroquí, aunque según los tratados internacionales de forma ilegal, pero no voy a hablar de esa etapa, quisiera viajar un poco más al norte, a la zona donde el Imperio Otomano y los Balcanes fueron visitados, dibujados, manufacturadas sus imágenes a través de tópicos y de leyendas como las de los bandidos, el harén y sus odaliscas, el desierto con sus ruinas inescrutables, las caravanas. En ese momento, España todavía formaba parte de ese mundo exótico que recorrían los viajeros del norte de Europa. Eran sobre todo Castilla y Andalucía, en ésta los vestigios de la dominación de omeyas y nazaríes, en su presente encontraban la etnicidad del folclore, de las indumentarias y la música.

Según el sur de la península se hacía cada vez más accesible, durante el pasado siglo XX, incluso antes, algunos artistas volvieron el rostro hacia Tánger, la puerta de África, el único lugar del sultanato donde los viajeros eran permitidos sin restricciones. Una ciudad con una luz diáfana que se convirtió en parada obligatoria para la navegación tras la apertura del Canal de Suez convirtiéndose en crisol de culturas. El sitio que encerraba todo el imaginario de lo singular y el espíritu de Al-Ándalus.

Imagen que contiene puesto, perro, café, edificio

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En el Museo Nacional de Cataluña tiene a orgullo las colecciones orientalistas y continúa explorando una conexión que inició con la revisión de Mariano Fortuny, a raíz de la interesante exposición que presentaba en torno a una de las obras maestras de la institución, La batalla de Tetuán. Lo hizo uniendo a las acuarelas que posee del pintor reusense José Tapiró Baró otras procedentes de diferentes instituciones, nacionales e internacionales, entre ellas de los fondos del Museo de Arte Orientalista de Doha o el Dahesh de Nueva York, o del madrileño Círculo de Bellas Artes. Se continúan explorando de esta manera las circunstancias de los catalanes en el norte de África, una presencia que se inicia con viajeros curiosos como Domingo Badía, conocido como Alí Bey o el empresario Antonio Amatller, se prolonga en las hazañas de militares como el general Juan Prim, conde de Reus y marqués de los Castillejos, hasta trascender en la obra de pintores como los mismos Fortuny o Tapiró.

La muestra se abrió con una fotografía de época que nos traslada al tangerino Zoco de afuera, la puerta de entrada a la ciudad del estrecho, vinculando la exhibición con Tánger y en ella con paisajes que formaron un algo intangible y que no se han perdido del todo. Queda sobrevolándolos un espíritu, antiguas imágenes como ésta y las pinturas y los retratos de esos artistas que fueron capaces de congelar con sus trazos la intimidad de la Historia. Rostros y trajes, la luz de la atmósfera alrededor de los mortales. José Tapiró recogió en realidad un mundo en retroceso, fueron treinta años pintando los tipos de Tánger, algunos de los personajes de los cuadros caminan aun hoy por los pueblos del norte de Marruecos, ya no en la occidentalizada Tánger, pero sí en Chefchaouen, Larache o en Tetuán, sin embargo, el mundo de las mujeres se ha desvanecido, un hecho curioso, contrario a la lógica poscolonial de los ámbitos árabes e indostánicos. Son unas mujeres casi bizantinas, bárbaras, afectadas por el ruido de oro y sus corazas enjoyadas, deslumbrantes con el oriente de sus perlas. Es la cultura bereber. Y es que el pintor catalán trabaja sobre un sustrato preislámico con cuya cultura terminó la arabización civil de la independencia, unos restos que precedieron la colonia y a cuya trascendencia y desaparición se ha prestado poca importancia.

Tánger no era todavía la Ciudad Internacional y cosmopolita que pusieron de moda los artistas americanos en los años treinta, sino la medina desastrosa por donde el mundo magrebí comenzaba a filtrarse a Europa y a través del cual Occidente penetraba definitivamente en el sultanato de Marruecos. Una estructura amurallada donde convivían lo antiguo y lo moderno, lo tradicional de las culturas rurales norteafricanas, la pujanza comercial de la colonia judía y el poderío técnico de las potencias occidentales.

José Tapiró y Baró (Reus, 7 de febrero de 1836 – Tánger, 4 de octubre de 1913) fue un pintor español encuadrado dentro del orientalismo.

Su maestro fue el pintor de Reus Domènec Soberano. Completó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y, posteriormente, en Madrid y Roma, en 1867, donde conoció a Mariano Fortuny, José Villegas Cordero y otros artistas españoles. ​ En 1875 pintó El huerto de las manzanas de oro y El gaitero árabe, dos de sus más famosas obras.

Tras su primer viaje a Tánger en 1871, acompañado de su amigo y compañero de estudios Mariano Fortuny y de Bernardo Ferrándiz y Georges Clairin,​ comenzó a reflejar las escenas del Marruecos que conoció entonces, con gran entusiasmo. Después de la muerte de Fortuny se instaló definitivamente en Tánger en el año 1876, hasta su fallecimiento en 1913, con una breve estancia en España entre 1907 y 1908. Durante todos aquellos años plasmó con precisión y preciosismo escenas africanas de la época, mostrando una especial maestría en la técnica de la acuarela.

Tapiró recibió numerosos premios y reconocimientos por su obra. Entre ellos están: la mención honorífica de la exposición de Barcelona de 1866 por La llegada de los dos poetas al noveno foso, inspirada en la Divina Comedia; la tercera medalla de la Exposición nacional de Bellas Artes, ese mismo año, por El amor y el pueblo; o la medalla de la Exposición universal de Chicago de 1893.

Algunas de sus obras son: La visita del cardenal; Una aldeana romana; Un hugonote; Cabeza de estudio; Novia mora; Tipo del Sahara; Grupo de moros armados detrás de una muralla; Sidi Ahmed Benane; Café moro; Un moro de Fez en traje de boda; Un vendedor de cuscús; Preparativos de la boda de la hija del cherif en Tánger; Una mora; y El Pabellón chino del Trocadero en la Exposición Universal de París. Sus obras se encuentran en grandes colecciones de todo el mundo.

By Conchi Ruiz Mínguez

Imágenes:

Museo Nacional de Cataluña

Museo Nacional del Prado

Texto: Real Academia de la Historia

TODA LA SECTA CONTRA MI

Las mujeres somos víctimas de un complot urdido por mentes perversas que se reúnen en un lugar secreto y deciden lo que ellos llaman ’tendencias de moda’.

¿Quiénes son? ¿Cómo lo hacen? Yo me imagino que llega Paco Rabanne y dice:

– Veo que este año se va a llevar el azul petróleo.

Y saltan a dúo Victorio y Lucchino:

  • Eso, eso. Y los jerséis sin mangas, pero de cuello alto, ¡y que se fastidien!’.

¡Y date por fastidiada! Porque la moda no es una industria. ¡Es una secta dirigida por… bueno…ya lo imagináis ! Y de esos seres que nos odian ¿qué podemos esperar?… Si nos hacen ir con estos pantalones que se abrochan en la rabadilla y nos hacen creer que vamos bien (creo que lo hacen para que luzcamos esos ridículos tangas que tanto molestan).

O con esos otros pantalones de pata larga que van limpiando las aceras. ¿Ustedes saben lo que son las fashion victims? Son las mujeres que han caído en sus redes y ya no pueden escapar. Esas que cuando se acercan a un escaparate, oyen voces en su cabeza: ’El poder de la moda te obliga’, ’el poder de Dior te gobierna’. Realmente, yo me di cuenta del poder que tiene esta secta cuando intenté comprarme un vestido rojo. Parece fácil, ¿verdad? Un vestido rojo. Pues no.¡Porque las tiendas están en el ajo! Son las representantes de Dior en la tierra. Y, claro, llego yo, y le digo a la dependienta:

– Buscaba un vestido rojo.

Y me suelta:

  • ¿Rojo? Este año no viene nada en rojo. Este año viene el azul petróleo.

– ¿Y eso rojo de ahí?

  • Eso es la funda del extintor, pero si quieres te la saco.

¡Así es como empiezan las sectas: anulando tu voluntad! Porque, de repente, me veo diciendo:

– Vale, sácame uno azul petróleo de la 38.

Y, en ese momento, la dependienta me mira como se mira un Fiat Panda desde un todoterreno:

– ¿La 38? Tú estarás entre la 40 y la 42.

  • Perdona, yo soy una 38.
  • No, si ya. Pero es que este año viene la 38 ceñida, ¿sabes?

Y es que ese es el segundo paso de la estrategia de la secta. Disminuir tu autoestima para poder dominarte mejor. Ahí, yo dije:

– Con esto no me pillan. ¡Yo me pruebo la 38 aunque me la tenga que meter a rosca!

Y, claro, te miras al espejo y ves lo que ves. Una morcilla. Una morcilla azul petróleo.

Y digo yo: si en todo el mundo un metro es un metro y un kilo es un kilo, ¿por qué la talla 38 no es siempre la talla 38? Tú vas al Carrefour y la talla 38 se la puede poner King África y, sin embargo, te vas a Versace y la 38 no se la pone ni Melody.

Total, que hice lo que hacemos todas: llevármelo. Sí, porque pensé lo que pensamos todas: ’Así me obligo a adelgazar’. ’Me obligo a adelgazar.’ ¿Seremos idiotas? A las dos semanas te estás obligando a regalárselo a tu sobrina. ¡Es como comprarte unos zapatos del 34 para obligarte a que te encoja el pie!

Pero es que ese es otro de los síntomas de que estás entrando en la secta:

Someterte voluntariamente al sufrimiento físico. Aunque, a veces, cuando todavía no estás abducida del todo, consigues tener un momento de lucidez y decir: ’No, no me lo llevo’. Y, entonces, esa enviada del mal, que es la dependienta, te dice la frase definitiva:

– Llévatelo; no seas boba, ¡que lo puedes devolver!

¡Y lo compramos! Como lo puedes devolver… Eso es como comerte un trozo de moqueta: ¡como lo puedes devolver!

Así que volví a casa con mi vestido azul petróleo de la 38. Me lo pongo y le pregunto a mi marido:

– ¿Como me queda?

  • Pequeño.
  • ¿Sí? ¿Me marca mucho?
  • Te va a hacer llagas.

Ahí me dije: ’Mary, modérate. Esta es otra prueba. La secta de la moda quiere que rompas lazos con tu entorno’. ’¡No, no van a poder conmigo!’.

Me lancé a la calle y no paré hasta que encontré el único vestido rojo que quedaba en toda la ciudad. Cuando lo vi, dije: ’¡Me lo compro! ¡Que le den a Paco Rabanne !. Y a Victorio y Lucchino ?’ ¡Ja! Y salí de la tienda triunfante, con mi vestido rojo.

Pero la alegría me duró dos escaparates. Es algo que nos pasa a todas las mujeres. De repente, se te viene el mundo encima: ’Pero, ¿y qué hago yo con un vestido rojo, si este año lo que se lleva es el azul petróleo?’ Oye, que no pude pegar ojo en toda la noche. Tuve unas pesadillas… Estaba yo en una misa negra, atada de pies y manos, y los grandes gurús de la moda, rodeándome como en Poltergeist: ’Maryyyy, veeen hacia el glamouuuuur.’ Total, que me desperté, empapada en sudor y dije:

’¡Vale, está bien! ¡Me rindo!’ Me unté entera con vaselina para que me entrara el traje, y me presenté en la boda de mi amiga Belén, vestida de azul petróleo.

Cuando llegué a la iglesia me encontré con que íbamos todas iguales….Allí había más azul petróleo que en una playa del golfo Pérsico.

Ahí te das cuenta de que te han captado; has entrado en la secta, y a partir de ese momento honrarás a Victorio y a Lucchino, no nombrarás a Chanel en vano y amarás a Dior sobre todas las cosas.

PD. ¿Alguien me puede explicar qué diantre es el color ’azul petróleo’?? Tardé siglos en comprender que las cosas pueden ser de color buganvilla, no me jodáis ahora con el petróleo, ¡¡por favor!!

El petróleo es negro como las patas de un grillo!! y perdón por la expresión…

by Coinchi Ruiz Mínguez

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