Esta es la primera entrada de mi nuevo blog. Acabo de empezar a escribir este nuevo blog. ¡Mantente al día para leer más entradas! Suscríbete a continuación para recibir notificaciones cuando publique nuevo contenido.
Se cumplen estos días 80 años desde la muerte de Rabindranath Tagore (7 de mayo 1861-7 de agosto de 1941) que fue el primer no europeo en recibir el Premio Nobel de Literatura (1913). En la concesión del Nobel influyeron unas pocas obras traducidas por él mismo al inglés y, de modo especial, la colección de poemas denominada Gitanjal
Escrita originalmente en bengalí, Gitanjali (1910) constaba de 157 poemas. El propio Tagore tradujo y publicó 103 poemas en The English Gitanjali or Song Offerings (1912) de los cuales sólo 53 provienen del texto bengalí y el resto de otras obras de Tagore. Esta versión inglesa incluye prólogo del poeta Yeats, quien había quedado deslumbrado por Tagore.
Es de notar que Tagore pasó el verano de 1924 en Argentina donde sería alojado por la escritora Victoria Ocampo. Por su parte, a partir de 1915 el matrimonio Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez llevaron a cabo una traducción de Tagore que produjo un hondo eco en los lectores de lengua española de todo el mundo.
Tagore es un místico. Su poesía se centra en Dios y el yo. Todo lo demás aparece como el contexto en el que esa relación tiene lugar. Todo lo demás contribuye al juego que juegan Dios y el hombre. Quizá el hombre mismo sea un juguete, «un jirón de una nube de otoño» en un cielo que es Dios. El cielo es permanente; la nube, no. Por eso Dios puede dejar pasar la nube: «y cuando te guste dejar tu juego, con la noche, me derretiré, me desvaneceré en la oscuridad».
En un momento en que en Occidente se va gestando una reacción anticristiana pero que añora el aliento del Espíritu, la mística de Tagore alivia ese vacío.
Hablamos de la Europa que ha engendrado la filosofía de la sospecha y el despego afectivo de un mundo racionalizado y desencantado (Entzauberung der Welt, lo llamó Weber), que ha asistido a la muerte de Dios (Gott ist tot, dirán en alemán tanto Hegel como Nietzsche y en ruso el Dostoyevski de Los hermanos Karamazov).
Esa Europa que es Occidente, decimos, ha perdido algo esencial y no sabe lo que es. Y Tagore habla un lenguaje que mitiga esa sed. Porque Tagore es un místico, un hombre meramente humano que aspira a la grandeza, al absoluto, a Dios, en suma. Pero su Dios es el Dios de la India.
El místico no se resigna con lo temporal, busca lo eterno; se sabe finito pero añora lo absoluto; las criaturas, aunque vestidas de hermosura porque el amado “Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura”, no le bastan y busca la Belleza, fuente de todo el encanto del mundo.
Tagore, el místico, toma conciencia de que la aventura de la vida se juega entre el hombre y Dios. Pero el hombre es limitado, finito, frágil… un mendigo, en suma, que depende de la generosidad ajena.
Así lo ve Tagore y en uno de los poemas del Gitanjali el pordiosero que es cada uno de nosotros ve, de pronto, que la carroza del gran rey se detiene. El rey de reyes desciende y se dirige hacia el pedigüeño. Surge la expectativa de recibir. Y el gran rey le dice: «“¿Puedes darme alguna cosa?”. ¡Ah, qué ocurrencia la de tu realeza! ¡Pedirle a un mendigo!».
Pensar que el rey tiene que dar, que Dios ha de obrar necesariamente de una manera prefijada, es quitarle su iniciativa. Así son ciertos acercamientos a la divinidad: rezar, pedir a Dios que saque adelante mis proyectos, que calme mis males. Pero Dios sorprende. Elige el modo en que quiere mostrarse. Tagore lo ha descubierto.
Si hemos de creer a Rahner, el cristiano moderno será místico o no será. Ser místico es vivir de la experiencia de Dios, de la vivencia del Absoluto. Hay místicos de la ausencia y la añoranza (Meister Eckhart, La nube del no saber) y los hay de la presencia y el gozo (S. Juan de la Cruz o Sta. Teresa de Jesús que encuentra al Señor “entre los pucheros”).
La mística de Tagore es, en cierto sentido, una mística “de ojos abiertos”: ve a Dios «en el mercado del mundo», en la nube y en el árbol, en la tierra y en el mar. Y lo encuentra en el viaje de la vida porque Dios «camina, con la ropa de los miserables, entre los más pobres humildes y perdidos».
La disposición del hombre y la actitud del rey de reyes. Dios siempre está cerca, ahí mismo, a un paso: «¿No oíste, sus pasos silenciosos? El viene, viene, viene siempre». ¿Qué ha de hacer, entonces, el hombre? Abrir sus ojos, aprender a mirar, hacerse consciente de que «mi alegría es vigilar, esperar junto al camino».
La muerte también llegará a la puerta de mi casa. Entrará en mi vida «llamando, en tu nombre». Y entonces pasaré a la otra orilla, veré tu rostro en «la playa de la eternidad donde nada se pierde».
Hace casi un año me llegó la noticia de que había fallecido Sidati, aquel joven ciego que se iba de viaje por el desierto y grababa leyendas y músicas para que luego fueran emitidas por Radio Sáhara Entre 1974 y principios de 1976 tuve la oportunidad de ejercer como redactora y periodista en la emisora de radio que existía en El Aaiún, capital del entonces Sáhara español. Radio Sáhara tenía como finalidad servir de vehículo de información en un inmenso territorio desértico en el que el único medio capaz de llegar a casi todos sus rincones era el radiofónico. Constituía, además, un excelente instrumento para la conservación y difusión de la cultura autóctona y era una eficacísima herramienta para la construcción de la identidad nacional y la defensa de los derechos del pueblo saharaui frente a las pretensiones anexionistas de los países vecinos. Entre los trabajadores de la emisora, que en parte eran españoles y en parte, saharauis, conocí a un joven de apariencia tímida y mirada dulce. ¿He dicho mirada? Pues sí y ello pese a que era invidente. Se trataba de Sidati Selami. No hablaba español, por lo que era necesario dialogar con él a través de un intermediario, pero de inmediato surgía entre nosotros una relación distendida y cordial. Sidati era un acreditado experto en la cultura del país bidán (1), el que se extiende a lo largo de la zona atlántica del gran desierto, principalmente por el Sáhara Occidental y Mauritania, aunque abarca asimismo algunos territorios del Marruecos meridional y del occidente argelino, siendo su principal peculiaridad, además del carácter nómada de sus gentes, el uso por estas de la lengua hassaní, una variante del árabe. Pese a su invidencia, Sidati era un hombre intrépido que cargaba en su equipaje un magnetófono de la época y se lanzaba por el desierto durante meses de frig en frig (campamentos nómadas, conjunto de Jaimas que durante la vida nómada del pueblo saharaui, era el centro de sus actividades) en busca de leyendas, tradiciones, músicas, canciones y retazos de la cultura bidán. Todo ello lo grababa, guardaba y al cabo regresaba a la ciudad para montar dicho material en la radio y emitirlo, lo que le convirtió en un personaje popular y en un referente indispensable y respetado del patrimonio cultural saharaui. De Sidati se contaba que, pese a ser ciego, había aprendido a desmontar y reparar el magnetófono que le acompañaba cuando se producía alguna avería. Y poseía una memoria prodigiosa que le permitía recordar textos larguísimos en su literalidad, sin equivocarse. El primero de todos, el sagrado Corán. Fue un conocedor incansable de la tradición oral saharaui en hassanía, de los cuentos de animales, de Shertat, y todo tipo de fantásticas historias y leyendas. Su ceguera forma parte de “aquellos cuya enfermedad significa poderío de los dioses y cuya segunda vista les pone en contacto con el reverso de las cosas” El doctor Larosi Haidar, profesor de la Universidad de Granada, le dedicó un artículo biográfico (Historia oral saharaui. Relato de un invidente) en el que relata su origen y peripecia vital. Era nieto por vía materna de Chej el Uali, uno de los numerosos hijos del legendario Chej Maelanin, fundador de Smara, pertinaz enemigo de los franceses y docto erudito, que poseyó una importante biblioteca en pleno desierto y al que se le atribuye la autoría de más de 300 textos. Explica que quedó ciego con pocos años, según el decir de los suyos por culpa del “mal de ojo”. Sin embargo, su abuelo le profetizó que, pese a dicha minusvalía, sería envidiado de sus contemporáneos por sus extraordinarias cualidades. Como así fue. Memorizó de adolescente, además del libro sagrado, numerosos conocimientos de gramática y literatura árabe, fue capaz de administrar un comercio familiar (conservó hasta su muerte el cuaderno en el que anotaba los impagados) y permaneció un par de años en Senegal gestionando un negocio. Había nacido en torno a 1940-1941 (en el desierto en aquellas calendas la fecha de nacimiento era harto aproximada) y dice el profesor Haidar que se implicó en el conflicto de 1957-1958, pero entonces era poco más que un fogueiris (adolescente con la madurez necesaria para hacer el ramadán) y además invidente, por lo que nos tememos que su participación debió ser más moral que efectiva. No tenemos constancia que en el asendereado panorama del Sáhara que yo conocí tuviese una implicación directa en la vida política. De hecho, se puede decir que no hacía ninguna falta: él hacía política hablando por la radio de la cultura saharaui y creando conciencia entre la gente de su identidad nacional propia y diferente de la de los demás países. Pero si con España no tuvo problema alguno, sí los hubo con Marruecos porque, habiendo permanecido en El Aaiún ocupado, fue detenido en 1987 y encarcelado hasta 1991. Peor aún: dicen que, como suele ser frecuente en los usos y costumbres de la represión marroquí, la policía o sus adláteres violentaron su casa y destrozaron su biblioteca, que hubo de reconstruir tras su puesta en libertad. En 2015 se había convertido en un anciano venerable de lenguas barbas, con la misma actitud de 1974: sonriente, apacible, hospitalario, sabio, rodeado de libros y objetos recogidos por el desierto. Me llega la “jabara” (noticia), de que acaba de fallecer en Agadir, en uno de cuyos hospitales estuvo ingresado. Si en el Sáhara se dice que cuando muere un anciano desaparece un libro, con la desaparición de Sidati Selami es toda una biblioteca la que se ha perdido. Aunque en su caso queda la obra: todo el material que recopiló clasificó, analizó, estudió y difundió. ¡Que Allah le haya acogido benévolo en su seno!
Conchi Ruiz Mínguez
(Basado en un artículo de Pablo-Ignacio de Dalmases, experto en historia colonial del Sahara Occidental, exdirector de Radio Sahara y el periódico La Realidad en El Aaiún)
(1) Hubo un tiempo en que el Sahara Occidental, un fragmento del territorio antiguamente conocido por sus pobladores con el nombre de Trab el Bidān (tierra de blancos; contrapuesto a Trab el Sudán, tierra de negros, es decir la África Subsahariana), fue posesión española entre 1884 hasta 1976). (2) ¿Qué pasó con las grabaciones de Sidati? ¿Se las llevó Radio Nacional o se las dejó a los marroquíes?
Hoy es un día especial, muy especial, por lo menos para mí. Miles de recuerdos, de sensaciones, de aquellos días hermosos que parece que en el aire se respira distinto, que algo nuevo nos llega. De mi niñez, de mi juventud, de madre con mis hijos puestos de guapos, porque en mi familia la tradición era estrenar tal día como hoy toda la ropa, desde los zapatos hasta las cintas del pelo, yo llevaba largas trenzas y según el color del vestido, mi madre me ponía preciosos lazos de seda (que siempre salían de casa perfectos y llegaban colgando). Ver a los niños llevar a hombros una pequeña imagen de La Pollinica, mi madre de Alicante, mi padre de Almería, sabían mucho de la Pollinica y en mi bendita tierra, Melilla, que es como decir Málaga, también ese era su nombre.
La bendición de las Palmas…¡Preciosas!…Para que duraran todo el año y trajeran salud y amor…
El sabor al chocolate y las rosquillas de Pascua, me sabían distinto cada año, me gustaban más. Cuando mi abuela se marchó, nacida en su Torrevieja, enterita toda ella, cuando los turistas no se la «comían» y se encerraba en su fervor, cuando ella se marchó para siempre, me quedó un regusto muy amargo, pero sí las ganas de seguir sus lecciones, porque desde muy pequeña y mientras cocinaba o hacía los dulces, yo siempre estaba «encima» con un delantal que me daba dos vueltas y nunca mejor dicho, con las manos en la masa. No sé por qué, en este día es cuando más presente tengo la imagen de la abuelita, porque no era la abuela, era la abuelita.
Y los niños, serios, emocionados, guardando la compostura y mirando de reojo no cambiar el ritmo de su paso. Los mayores orgullosos al mirarlos y ellos, los niños, siguiendo a su Pollinica, un borrriquillo blanco y con los ojos como almendras en el que posiblemente Juan Ramón Jiménez, se inspirara en su Platero… y él.
El jueves, Día del Amor Fraterno, os recordaré a todos los que quiero un poco más de lo que pienso cada día. ¡Ojalá ese amor fraterno durará para siempre…! Os deseo una Pascua Feliz¡
«Echa un vistazo al sol, mira a la Luna y las estrellas.
Admira la belleza de los brotes de la tierra. Luego, Piensa«
Hildegard Von Buigen
LA VOZ DE LOS ESPACIOS
El amor no tiene fronteras. Como hoy viaja por las redes, antes lo hacía por las ondas de radio. María Rosa, LU1JC, la primera radioaficionada paranaense. Esta es la historia de una de las primeras radioaficionadas del país y seguramente la primera en aquella provincia Argentina. María Rosa García Girard cumplió 102 años el pasado 14 de Agosto de 2020.
Pionera en la comunicación con el mundo y conocida por todos los radioaficionados de su época por su inconfundible indicativo, a través de las ondas, ayudando a todos y comunicando con amigos, características de esa actividad, emprendió un viaje que la llevaría a vivir largos años de felicidad lejos de su hogar. Por aquel tiempo en que Rosa hacía sus primeras incursiones en la radio, las comunicaciones entre provincias y naciones eran más que difíciles. Los teléfonos comenzaban a aparecer y funcionaban mediante operadoras o señoritas telefonistas. A ellas había que pedirles el número deseado y había larga espera para poder enlazar las pacientes personas que deseaban oírse. Si se pensaba en comunicar con otro país, además del incremento temporal, existía una enorme diferencia tarifaria con las llamadas locales que hacía casi imposible su realización. Desde mucho tiempo atrás las transmisiones vía radio acercaban e informaban a los parientes, amigos, parejas y amores separados físicamente en el mundo, sobre la salud, las necesidades, el afecto, las alegrías, las desgracias, o el estado del viajero lejano. Para ello se apelaba a la solidaridad de los radioaficionados, quienes permitían las visitas de los necesitados de noticias a sus domicilios a fin de comunicar en el día y hora convenidos, con otro «colega» perteneciente a la comunidad donde se encontraba la persona relacionada con el visitante. También de tanto en tanto se formaban en el aire redes solidarias para auxiliar en las catástrofes colectivas como terremotos, huracanes, erupciones, accidentes etc. La casa de María Rosa permanecía entonces abierta a los involucrados con personas de las que quería saberse su estado o paradero, e incluso la prensa recababa noticias que gentilmente ella actualizaba día a día. En épocas tranquilas intercambiaba saludos, risas, tarjetas, fotografías y pequeños regalitos con colegas del mundo. Aún guarda cientos de ellas en varios álbumes que hoy en día están abiertos a quienes deseen hojearlos. Entre los regalos más exóticos se encuentra un kimono que le envió un amigo japonés con quien cruzaba no muchas palabras en su idioma, y algunas en un inglés aprendido de escuchar, diccionario en mano… un mantón de manila de otro español, y montones perdidos en el tiempo. Sin padre desde su juventud, igual que sus cuatro hermanos, trabajó como maestro. Se levantaba a las cuatro de la mañana y en un tren marchaba al Palenque, llegaba a la estación de La Picada y de allí en sulqui (carruaje) a la escuelita. Ni la lluvia que hacía pesado el camino de barro, ni el calor abrasador del verano surcando los polvorientos caminos, impedía que llegara a la hora señalada para el comienzo de la clase. Tal vez por ese diario ajetreo repartido con las tardecitas de radio el tiempo transcurrió sin sentirlo, y a su edad era catalogada como una señorita grande, ya que las solteritas casaderas de Paraná solían tener como máximo veintiún años. Aun cuando no se sentía así, porque con su hermana también radioaficionada compartían tertulias de amigas y proyectos de viajes, cierto era que los sobrinos ya rondaban por la casa materna poniendo en evidencia la tardanza de Cupido, o tal vez su falta de puntería. Como ahora colgados de internet, ella solía pasar horas conectada con el mundo frente a su aparato de radio casi tan alto como el techo, lleno de relojes, lámparas, palancas, manivelas, construido por su hermano «Pepe» García Girard; pero entonces, perturbaba la paz de la casa que se llenaba de las voces de sus amigos y el agudo chillido de los cambios de frecuencia en el dial. Era una características suya y única, el mover la cabeza frente al micrófono de un lado para otro. Cuenta que un día, uno de sus pequeños sobrinos mirándola «modular» en su viejo equipo, le preguntó si para ser radioaficionado era necesario aprender también a mover así la cabeza. Así conoció a Wlademir, también radioaficionado en Brasil, quien luego de muchos comunicados e intercambios de cartas y fotos, llegó un día a su casa en la calle 25 de Junio y ella con su característica simpatía lo cautivó al instante. Por ello regresó ese fin de año a pedir la mano de Rosa a su madre. Pasaron juntos los siguientes veinticinco años de felicidad en su casa de Río de Janeiro, la cual era visitada asiduamente por paranaenses y radioaficionados amigos. Cuando su esposo el general de división Wlademir Fernandes Bouças (PY1KZ), radioaficionado desde 1934 murió, regresó a Paraná para compartir sus siguientes años con sus hermanas y sobrinos. El 16 de diciembre de 2008, a sus noventa largos años, María Rosa García Girard, pionera entre las mujeres radioaficionadas y tal vez la primera amante del aire que materializó su amor, concurrió al Radio Club Paraná a renovar su licencia para continuar difundiendo su voz en el mundo con su clásico llamado a la amistad y la ayuda solidaria «CQ, CQ, CQ 20 metros… aquí LU1JC llamando». En 2013 María Rosa donó sus equipos a Entre Ríos Radio Club.
Al cumplir sus 102 años su voz no resuena como antes, pero sigue firme y estará presente por siempre en todos a quienes tendió su mano solidaria, y en los que la conocen y la aman. No cabe duda de que Rosa no pretendía llegar a la Luna ni observar los movimientos del Sol y la luz de las estrellas, seguramente en esas claras noches de luna no se fijara en el techo inmenso de Universo, no mediría las distancias de Júpiter o Venus y si lo hacia seria de una manera romántica con su habitual simpatía, pero si es una realidad que recorrió tierra, mar y cielo con su voz. Esa voz que como una llamarada se encendía a u aviso de emergencia, allí estaba ella en su aparato de radio lanzando al aire repetidamente sus “CQ, CQ, CQ 20 metros, aquí LU1JC llamando”. Rosa, la mujer de la Radio que siempre será recordada por todos los radioaficionados con admiración, respeto y cariño.
“En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario” Con esta frase, el periodista y escritor británico George Orwel escribe su novela “Rebelión en la granja”, donde describe otro tipo de sociedad controlada con métodos burocráticos y políticos. Vivió entre 1903 y 1950. El libro publicado en 1943, si bien en la época que lo escribió en 1937 y dado que no era una época muy dada a la lectura, fue rechazada su obra por cuatro editores. Escribir contra la Unión Soviética era como un delito y los intelectuales ingleses levantarían su voz para arengar que ese libro no debió publicarse. Esta actitud no hace recordar la frase de Voltaire: “Detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo”, lo que apoyo la libertad de expresión que los escritos sean más o menos buenos, pero sin duda alguna, el derecho a la libertad intelectual. La gente común de la calle diría que “cada cual tiene derecho a expresar su opinión” A Oswel no le convence que nuestra civilización de más de cuatrocientos años sea criticada por dos polos opuestos y elige un texto de Milton para justificarse a sí mismo: “Por las viejas normas de la vieja libertad” La palabra “vieja” pone énfasis en el hecho de que la libertad intelectual está profundamente arraigada sin la cual nuestra cultura occidental dejaría de existir. Aparentemente los rusos en tiempo de guerra tienen derecho a defenderse, mientras los ingleses –opina Orwel- si lo hacían poco menos que caían en pecado mortal. Esta contradicción está claramente orientada a la cobardía de gran parte de los intelectuales ingleses cuyo patriotismo está orientado más a la URSS que hacia Gran Bretaña, su propio país. El señor Jones cerró los gallineros por la noche y apagó la luz. En ese momento empezó el alboroto en toda la granja. Durante el día se corrió la voz que el viejo Mayor, el cerdo premiado, había tenido un sueño extraño la noche anterior y quería comunicárselo a los demás animales. Todos reunidos en un extremo del granero principal, Mayor se acomoda en su cama de paja bajo una linterna que colgada de una viga. Tenía doce años de edad y estaba considerado el jefe o mandamás de toda la granja. Una vez reunidos, Mayor comenzó a hablar.
Camaradas: ya conocen mi sueño, pero hablaré de eso más tarde, tengo algo que decir, no creo que esté muchos meses más con ustedes y mi deber es transmitirles la sabiduría que ha adquirido. He tenido una larga vida y bastante tiempo para meditar.
¿Cuál es el sentido de nuestra vida? Enfrentémoslo: nuestras vidas son miserables, laboriosos y cortas. Nacemos, nos dan la comida justa y necesaria y a los más fuertes nos obligan a trabajar hasta nuestras últimas fuerzas y en el preciso instante en que ya no somos útiles, nos matan con una crueldad espantosa. Ningún animal en Inglaterra conoce el significado de la felicidad o el descanso después de haber cumplido un año de edad. Ningún animal es libre en Inglaterra. La vida de un animal es sólo miseria y esclavitud, ésta es la pura verdad. ¿Por qué, entonces, continuamos en esta miserable condición? Porque los seres humanos nos roban casi todo el fruto de nuestro trabajo. La respuesta es una sola palabra: El hombre, el único enemigo real que tenemos.
Aproximadamente hace un año saltó la voz de alarma cuando China se vio arrasada por un virus que hacía estragos entre la población, un virus que fue bautizado con el nombre de COVID-19. A partir de ese momento el Covid dio comienzo a su andadura extendiéndose desde la lejana China a Europa, Estados Unidos y Sudamérica, quedando exenta Australia, que posiblemente puso en marcha unas normas o métodos para cerrar sus puertas y fronteras a todo lo exterior, un acierto que la ha librado de contagios. El Covid avanzaba peligrosamente mientras los puertos y aeropuertos seguían sus programas previstos. Los hospitales posiblemente no estaban preparados para esta avalancha de dolor y muerte, pero ya era demasiado tarde y parece increíble que la mayor potencia del mundo, Estados Unidos de América fuese a la cabeza de la ya pandemia declarada, millones de contagios y cientos de miles de muertos porque las fronteras seguían abiertas y cuando el gobierno quiso parar el virus era demasiado tarde, ya que no sólo era una amenaza, era la más dura realidad del Siglo XXI con más de dos millones de muertos en todo el Mundo. Los laboratorios pusieron su plan de ataque para encontrar una vacuna que pudiera paliar el avance del Covid. China creó su propia vacuna, cerró sus fronteras y aunque no son muchos los detalles que tenemos consiguieron parar o por lo menos eso creemos. Los poderes máximos de las naciones crearon unas normas dominantes y las establecieron con tecnologías en canales sociales, normas que el capitalismo hicieron crear tan cruel como es la pobreza y aunque como afirma Judith Butler que el virus no discrimina y que el capitalismo tiene sus límites, hemos visto como la pobreza ha ido avanzando en todos los países y estamos viviendo discriminación entre la población, el poder se ha impuesto cada vez más con normas pero sin soluciones, un caos donde los muertos perdían no sólo la vida, también el derecho al consuelo y la muerte en soledad. Por mucho que tardemos de entender la filosofía de la vida y la muerte, nunca conseguiremos llegar a ese punto importante del consuelo y el perdón a tanta falta de medios para afrontar la pandemia del Covid, el desprecio a la verdad, nos estamos acostumbrado a las mentiras. Ha habido más pandemias en los siglos anteriores, la del cólera, la peste que azotó Francia y que queda reflejada en el impresionante libro “La Peste” de Albert Camus publicada en 1947, donde se pone de manifiesto la gran humanidad y solidaridad médica y sobre todo que necesitamos obras con urbanidad, una palabra que parece olvidada en estos tiempos de crisis abstraído por la crisis, el miedo y la pobreza.
Adoración de los Magos, obra de Perugino (1450-1523)
Protagonistas de la ilusión de grandes y pequeños, jueces rectos de la moral individual con veredictos anuales y adoradores elevados a los altares por la Iglesia, los Reyes Magos constituyen el elemento más delicioso de la escasa mitología que aún se sostiene en Occidente. Hoy, tras una noche donde sus majestades han repartido regalos o carbón con salomónica determinación, merece más que nunca la pena recordar lo que la tradición cristiana y la Historia cuentan acerca de estos misteriosos personajes. Adentrarse en tan ilustres y enigmáticas biografías constituye una divertida y amable aventura.
La primera y obvia referencia a los Reyes Magos se encuentra en el Evangelio según San Mateo, que cuenta en escasas líneas el episodio de la adoración: «Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? (…) Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María y, postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra». Según el Evangelio canónico, ni eran tres ni eran reyes; el término magos, por su parte, se refiere a la práctica astrológica y astronómica por la que siguieron la estrella que les condujo a Belén poco después del nacimiento de Cristo. ¿Cómo, desde esta breve miscelánea, se ha llegado a la figuración de los monarcas de Oriente Melchor, Gaspar y Baltasar?
La respuesta se encuentra, en gran parte, en la tradición cristiana no explícita en los textos bíblicos. A su vez, buena parte de la iconografía mitológica compartida hoy día por los creyentes (como la inclusión de una mula y un buey en el portal de Belén) tiene su traducción en los Evangelios apócrifos, escritos en su mayoría durante los cinco primeros siglos de la era cristiana y llenos de referencias dedicadas a estos magos. El Protoevangelio de Santiago presenta una narración similar a la de Mateo: «Por entonces sobrevino un gran tumulto en Belén, pues vinieron unos magos diciendo: ¿Dónde se encuentra el nacido Rey de los Judíos?, pues hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido para adorarle». El Evangelio del Pseudo Mateo hila más fino y apunta que los magos adoraron al Niño Jesús cuando éste ya había cumplido dos años (lo que sitúa la escena en el límite de edad establecido por Herodes para la matanza de los inocentes), y además ofrece más información sobre la estrella en el portal: «Había una enorme estrella que expandía sus rayos sobre la gruta desde la mañana hasta la tarde, sin que nunca jamás desde el origen del mundo se hubiera visto un astro de magnitud semejante».
El primer texto que hace referencia a la representación actual de los magos como reyes y con sus respectivos nombres es el Evangelio armenio de la infancia, de origen desconocido aunque traducido al armenio desde el siríaco en el siglo VI: «Y los reyes de los magos eran tres hermanos: Melkon, el primero, que reinaba sobre los persas; después Baltasar, que reinaba sobre los indios; y el tercero Gaspar, que tenía en posesión el país de los árabes». En realidad, la tradición armenia se refiere a un grupo de doce magos procedentes de diversos países gobernados por Melkon, Baltasar y Gaspar.
El Evangelio árabe de la infancia, también de origen siríaco, subraya un aspecto determinante: «Y sucedió que, habiendo nacido el Señor Jesús en Belén de Judá durante el reinado de Herodes, vinieron a Jerusalén unos magos, según la predicción de Zaradust». Este Zaradust, conocido también como Zoroastro o Zaratustra, es el gran demiurgo de la antigua religión persa que, según un manuscrito laurentiano del siglo XIII conservado actualmente en Florencia, dictó una profecía en la que declaró que una virgen daría a luz a un hijo que sería sacrificado por los judíos y que luego subiría al cielo. Y es aquí donde se encuentra la esencia de lo que históricamente pudieron significar los Reyes Magos.
Zoroastro, otro personaje sujeto a fuerte discusión (su nacimiento se sitúa en torno al siglo VI a. C., en diversos emplazamientos de los territorios que hoy ocupan Irán, Kazajistán y Afganistán, aunque posiblemente su nombre no haga referencia a una sola persona, sino a un grupo de maestros), fue el fundador del mazdeísmo, una de las religiones monoteístas más antiguas y todavía practicada en Irán (actualmente en la clandestinidad, por razones obvias). Su oposición al politeísmo le ganó el favor primero de los hebreos (quienes bautizaron al profeta con el nombre Zoroastro: Estrella que resplandece en el horizonte) y de los cristianos después. La presencia de tres altos emisarios del mazdeísmo como adoradores de Cristo representa, por una parte, la rendición de los saberes paganos a la doctrina cristiana, y por otra la incorporación (o suplantación) del zoroastrismo dentro del ideal judeocristiano, que durante la redacción de los Evangelios aspiraba a ser la única referencia monoteísta en Asia mediante la predicación apostólica. Pero por magia, que no quede: ¿habéis sido buenos?..Y una aclaración más… ¡yo sigo poniendo la mula y el buey y todas esas cosas que creo que ya os he contado hace tiempo! Feliz Noche y Día de Reyes…ilusión y magia
Esta médico y psiquiatra suiza recabó centenares de testimonios de experiencias extracorporales, lo que la llevó a concluir que “la muerte no era un fin, sino un radiante comienzo»
La doctora suiza Elizabeth Kübler-Ross se convirtió en el siglo XX en una de las mayores expertas mundiales en el tétrico campo de la muerte, al implementar modernos cuidados paliativos con personas moribundas para que éstas afrontaran el fin de su vida con serenidad y hasta con alegría (en su libro “On death and dying”, de 1969, que versa sobre la muerte y el acto de morir, describe las diferentes fases del enfermo según se aproxima su muerte, esto es, la negación, ira, negociación, depresión y aceptación). Sin embargo, esta médico, psiquiatra y escritora nacida en Zurich en 1926 también se transformó en una pionera en el campo de la investigación de las experiencias cercanas a la muerte, lo que le permitió concluir algo que espantó a muchos de sus colegas: sí existe vida después de la muerte.
La férrea formación científica de esta doctora, que se graduó en psiquiatría en Estados Unidos, recibiendo posteriormente 23 doctorados honoríficos, se pondría a prueba luego de que a lo largo de su prolongada práctica profesional los enfermos moribundos a los que trataba le relataran una serie de increíbles experiencias paranormales, lo que la motivó a indagar si existía el Más Allá o la vida después de la muerte. Así, se dedicó a estudiar miles de casos, a través del mundo entero, de personas de distinta edad (la más joven tenía dos años, y la mayor, 97 años), raza y religión, que habían sido declaradas clínicamente muertas y que fueron llamadas de nuevo a la vida.
“El primer caso que me asombró fue el de una paciente de apellido Schwartz, que estuvo clínicamente muerta mientras se encontraba internada en un hospital. Ella se vio deslizarse lenta y tranquilamente fuera de su cuerpo físico y pronto flotó a una cierta distancia por encima de su cama. Nos contaba, con humor, cómo desde allí miraba su cuerpo extendido, que le parecía pálido y feo. Se encontraba extrañada y sorprendida, pero no asustada ni espantada. Nos contó cómo vio llegar al equipo de reanimación y nos explicó con detalle quién llegó primero y quién último. No sólo escuchó claramente cada palabra de la conversación, sino que pudo leer igualmente los pensamientos de cada uno. Tenía ganas de interpelarlos para decirles que no se dieran prisa puesto que se encontraba bien, pero pronto comprendió que los demás no la oían. La señora Schwartz decidió entonces detener sus esfuerzos y perdió su conciencia. Fue declarada muerta cuarenta y cinco minutos después de empezar la reanimación, y dio signos de vida después, viviendo todavía un año y medio más. Su relato no fue el único. Mucha gente abandona su cuerpo en el transcurso de una reanimación o una intervención quirúrgica y observa, efectivamente, dicha intervención”.
La doctora Kübler-Ross añade que “otro caso bastante dramático fue el de un hombre que perdió a sus suegros, a su mujer y a sus ocho hijos, que murieron carbonizados luego que la furgoneta en la que viajaban chocara con un camión cargado con carburante. Cuando el hombre se enteró del accidente permaneció semanas en estado de shock, no se volvió a presentar al trabajo, no era capaz de hablar con nadie, intentó buscar refugio en el alcohol y las drogas, y terminó tirado en la cuneta, en el sentido literal de la palabra. Su último recuerdo que tenía de esa vida que llevó durante dos años fue que estaba acostado, borracho y drogado, sobre un camino bastante sucio que bordeaba un bosque. Sólo tenía un pensamiento: no vivir más y reunirse de nuevo con su familia. Entonces, cuando se encontraba tirado en ese camino, fue atropellado por un vehículo que no alcanzó a verlo. En ese preciso momento se encontró él mismo a algunos metros por encima del lugar del accidente, mirando su cuerpo gravemente herido que yacía en la carretera. Entonces apareció su familia ante él, radiante de luminosidad y de amor. Una feliz sonrisa sobre cada rostro. Se comunicaron con él sin hablar, sólo por transmisión del pensamiento, y le hicieron saber la alegría y la felicidad que el reencuentro les proporcionaba. El hombre no fue capaz de darnos a conocer el tiempo que duró esa comunicación, pero nos dijo que quedó tan violentamente turbado frente a la salud, la belleza, el resplandor que ofrecían sus seres queridos, lo mismo que la aceptación de su actual vida y su amor incondicional, que juró no tocarlos ni seguirlos, sino volver a su cuerpo terrestre para comunicar al mundo lo que acababa de vivir, y de ese modo reparar sus vanas tentativas de suicidio. Enseguida se volvió a encontrar en el lugar del accidente y observó a distancia cómo el chofer estiraba su cuerpo en el interior del vehículo. Llegó la ambulancia y vio cómo lo transportaban a la sala de urgencias de un hospital. Cuando despertó y se recuperó, se juró a sí mismo no morirse mientras no hubiese tenido ocasión de compartir la experiencia de una vida después de la muerte con la mayor cantidad de gente posible”.
La doctora Kübler-Ross añadió “que investigamos casos de pacientes que estuvieron clínicamente muertos durante algunos minutos y pudieron explicarnos con precisión cómo los sacaron el cuerpo del coche accidentado con dos o tres sopletes. O de personas que incluso nos detallaron el número de la matricula del coche que los atropelló y continuó su ruta sin detenerse. Una de mis enfermas que sufría esclerosis y que sólo podía desplazarse utilizando una silla de ruedas, lo primero que me dijo al volver de una experiencia en el umbral de la muerte fue: «Doctora Ross, ¡Yo podía bailar de nuevo!», o niñas que a consecuencia de una quimioterapia perdieron el pelo y me dijeron después de una experiencia semejante: «Tenía de nuevo mis rizos». Parecían que se volvían perfectos. Muchos de mis escépticos colegas me decían: «Se trata sólo de una proyección del deseo o de una fantasía provocada por la falta de oxígeno.» Les respondí que algunos pacientes que sufrían de ceguera total nos contaron con detalle no sólo el aspecto de la habitación en la que se encontraban en aquel momento, sino que también fueron capaces de decirnos quién entró primero en la habitación para reanimarlos, además de describirnos con precisión el aspecto y la ropa de todos los que estaban presentes”.
La muerte no existe
La doctora Kübler-Ross aseguró que después de investigar estos casos concluyó que la muerte no existía en realidad, pues ésta sería no más que el abandono del cuerpo físico, de la misma manera que la mariposa deja su capullo de seda. ”Ninguno de mis enfermos que vivió una experiencia del umbral de la muerte tuvo a continuación miedo a morir. Ni uno sólo de ellos, ni siquiera los niños. Tuvimos el caso de una niña de doce años que también estuvo clínicamente muerta. Independientemente del esplendor magnífico y de la luminosidad extraordinaria que fueron sido descritos por la mayoría de los sobrevivientes, lo que este caso tiene de particular es que su hermano estaba a su lado y la había abrazado con amor y ternura. Después de haber contado todo esto a su padre, ella le dijo: «Lo único que no comprendo de todo esto es que en realidad yo no tengo un hermano.» Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie le había hablado hasta ahora, que había muerto tres meses antes de su nacimiento”.
La doctora agregó que “en varios casos de colisiones frontales, donde algunos de los miembros de la familia morían en el acto y otros eran llevados a diferentes hospitales, me tocó ocuparme particularmente de los niños y sentarme a la cabecera de los que estaban en estado crítico. Yo sabía con certeza que estos moribundos no conocían ni cuántos ni quiénes de la familia ya habían muerto a consecuencia del accidente. En ese momento yo les preguntaba si estaban dispuestos y si eran capaces de compartir conmigo sus experiencias. Uno de esos niños moribundos me dijo una vez: «Todo va bien. Mi madre y Pedro me están esperando ya.» Yo ya sabía que su madre había muerto en el lugar del accidente, pero ignoraba que Pedro, su hermano, acababa de fallecer 10 minutos antes”.
La luz al final del túnel
La doctora Kübler-Ross explicó que después que abandonar el cuerpo físico y de reencontrarse con aquellos seres queridos que partieron y que uno amó, se pasa por una fase de transición totalmente marcada por factores culturales terrestres, donde aparece un pasaje, un túnel, un pórtico o la travesía de un puente. Allí, una luz brilla al final. “Y esa luz era más blanca, de una claridad absoluta, a medida que los pacientes se aproximaban a ella. Y ellos se sentían llenos del amor más grande, indescriptible e incondicional que uno se pudiera imaginar. No hay palabras para describirlo. Cuando alguien tiene una experiencia del umbral de la muerte, puede mirar esta luz sólo muy brevemente. De cualquier manera, cuando se ha visto la luz, ya no se quiere volver. Frente a esta luz, ellos se daban cuenta por primera vez de lo que hubieran podido ser. Vivían la comprensión sin juicio, un amor incondicional, indescriptible. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, se daban cuenta de que toda vuestra vida aquí abajo no es más que una. Y allí se alcanzaba el conocimiento. Conocían exactamente cada pensamiento que tuvieron en cada momento de su vida, conocieron cada acto que hicieron y cada palabra que pronunciaron. En el momento en que contemplaron una vez más toda su vida, interpretaron todas las consecuencias que resultaron de cada uno de sus pensamientos, de sus palabras y de cada uno de sus actos. Muchos se dieron cuenta de que Dios era el amor incondicional. Después de esa «revisión» de sus vidas ya no lo culpaban a Él como responsable de sus destinos. Se dieron cuenta de que ellos mismos eran sus peores enemigos, y se reprocharon el haber dejado pasar tantas ocasiones para crecer. Sabían ahora que cuando su casa ardió, que cuando su hijo falleció, cuando su marido fue herido o cuando sufrieron un ataque de apoplejía, todos estos golpes de la suerte representaron posibilidades para enriquecerse, para crecer”.
La especialista, en este punto, hizo una recomendación a todos aquellos que sufren el trance de tener cerca a algún ser querido a punto de morir. “Deben saber que si se acercan al lecho de su padre o madre moribundos, aunque estén ya en coma profundo, ellos oyen todo lo que les dicen, y en ningún caso es tarde para expresar «lo siento», «te amo» o alguna otra cosa que quieran decirles. Nunca es demasiado tarde para pronunciar estas palabras, aunque sea después de la muerte, ya que las personas fallecidas siguen oyendo. Incluso en ese mismo momento se pueden arreglar «asuntos pendientes», aunque éstos se remonten a diez o veinte años atrás. Se pueden liberar de su culpabilidad para poder volver a vivir ellos mismos”.
La “conciencia cósmica “ de la doctora Kübler-Ross
La doctora Elizabeth Kübler-Ross, intrigada por todos estos asombrosos relatos, decidió una vez comprobar por sí misma su veracidad. Y, luego de ser inducida a una muerte artificial en un laboratorio médico de Virginia, experimentó dos veces estar fuera de su cuerpo. “Cuando volví a la conciencia tenía la frase «Shanti Nilaya», que por cierto no sabía qué significaba, dándome vueltas en mi cabeza. La noche siguiente la pasé sola, en una pensión aislada en medio del bosque de Blue Ridge Mountains. Allí, luego de sufrir inexplicables dolores físicos, fue gratificada con una experiencia de renacimiento que no podría ser descrita con nuestro lenguaje. Al principio hubo una oscilación o pulsación muy rápida a nivel del vientre que se extendió por todo mi cuerpo. Esta vibración se extendió a todo lo que yo miraba: el techo, la pared, el suelo, los muebles, la cama, la ventana y hasta el cielo que veía a través de ella. Los árboles también fueron alcanzados por esta vibración y finalmente el planeta Tierra. Efectivamente, tenía la impresión de que la tierra entera vibraba en cada molécula. Después vi algo que se parecía al capullo de una flor de loto que se abría delante de mí para convertirse en una flor maravillosa y detrás apareció esa luz esplendorosa de la que hablaban siempre mis enfermos. Cuando me aproximé a la luz a través de la flor de loto abierta y vibrante, fui atraída por ella suavemente pero cada vez con más intensidad. Fui atraída por el amor inimaginable, incondicional, hasta fundirme completamente en él. En el instante en que me uní a esa fuente de luz cesaron todas las vibraciones. Me invadió una gran calma y caí en un sueño profundo parecido a un trance. Al despertarme caí en el éxtasis más extraordinario que un ser humano haya vivido sobre la tierra. Me encontraba en un estado de amor absoluto y admiraba todo lo que estaba a mi alrededor. Mientras bajaba por una colina estaba en comunión amorosa, con cada hoja, con cada nube, brizna de hierba y ser viviente. Sentía incluso las pulsaciones de cada piedrecilla del camino y pasaba «por encima» de ellas, en el propio sentido del término, interpelándolas con el pensamiento: «No puedo pisaros, no puedo haceros daño», y cuando llegué abajo de la colina me di cuenta de que ninguno de mis pasos había tocado el suelo y no dudé de la realidad de esta vivencia. Se trataba sencillamente de una percepción como resultado de la conciencia cósmica. Me fue permitido reconocer la vida en cada cosa de la naturaleza con este amor que ahora soy incapaz de formular. Me hicieron falta varios días para volver a encontrarme bien en mi existencia física, y dedicarme a las trivialidades de la vida cotidiana como fregar, lavar la ropa o preparar la comida para mi familia. Posteriormente averigüé que “Shanti Nilaya» significa el puerto de paz final que nos espera. Ese estar en casa al que volveremos un día después de atravesar nuestras angustias, dolores y sufrimientos, después de haber aprendido a desembarazarnos de todos los dolores y ser lo que el Creador ha querido que seamos: seres equilibrados que han comprendido que el amor verdadero no es posesivo”.
La Dra. Elizabeth Kübler-Ross, que en 1995 sufriera una serie de apoplejías que paralizaron el lado derecho de su cara, falleció en Scottdale, Arizona, el 24 de agosto del 2004. Se enfrentó a su propia muerte con la valentía que había afrontado la de los demás, y con el coraje que aprendió de sus pacientes más pequeños. Sólo pidió que la despidieran con alegría, lanzando globos al cielo para anunciar su llegada.
En su lecho de muerte, por cierto, sus amigos y seres queridos le preguntaron si le temía a la muerte, a lo que ella replicó: «No, de ningún modo me atemoriza; diría que me produce alegría de antemano. No tenemos nada que temer de la muerte, pues la muerte no es el fin sino más bien un radiante comienzo. Nuestra vida en el cuerpo terrenal sólo representa una parte muy pequeña de nuestra existencia. Nuestra muerte no es el fin o la aniquilación total, sino que todavía nos esperan alegrías maravillosas”.
La historia de los orígenes de la celebración de Halloween Si bien esta fiesta es celebrada en gran medida por Estados Unidos, tiene sus orígenes en Europa, en celebraciones celtas.
La celebración de Halloween es una de las fiestas más importantes de Estados Unidos, celebrada hoy tanto por adultos como niños. Como muchas otras celebraciones, esta fiesta ha sido adoptada por muchos países de habla no inglesa. Si bien la fiesta se celebra con fuerza en Estados Unidos, tuvo sus orígenes en Europa. De acuerdo con History.com, la celebración se originó de un antiguo festival céltico llamado Samhain. Los celtas, quienes vivieron hace más de dos mil años en lo que ahora es Irlanda, el norte de Reino Unido y el norte de Francia, celebraban su propio año nuevo el 1 de noviembre. Este día terminaba el verano y la cosecha y era el comienzo de helados inviernos, una época asociada con la muerte de personas. De acuerdo con las creencias celtas, la noche antes del año nuevo los límites entre el mundo de los vivos y los muertos se estrechaban, haciendo posible que los espíritus retornaran a la Tierra. Además de causar daño a los cultivos, se creía que la presencia de los espíritus permitía a las Druidas, los sacerdotes celtas, hacer predicciones acerca del futuro. Para alejar a los malos espíritus, los celtas comenzaron a encender fogatas y usar disfraces, los que consistían en vestir las cabezas y la piel de un animal, para alejar a los espíritus que vagaban. En el s. VIII, el papa Gregorio III designó el 1 de noviembre para honrar a todos los santos y mártires, por lo que la festividad de Todos los Santos incorporó algunas de las tradiciones de Samhain. La tarde antes de Halloween, o como originalmente se llama «All Hallows’ Eve» («Víspera de todos los Santos» en español) se comenzó a celebrar, pasando a ser un evento secular y basado en la comunidad con juegos infantiles como se le conoce hoy. En la segunda mitad del s. XIX llegaron muchos inmigrantes a Estados Unidos, especialmente irlandeses que huyeron de la gran hambruna irlandesa de 1846. Estas personas ayudaron a instaurar la celebración de Halloween de manera nacional. Hoy en día, Halloween es una de las fechas más importantes del calendario festivo estadounidense y canadiense. Algunos países iberoamericanos, conociendo aún esta festividad, tienen sus propias tradiciones y celebraciones ese mismo día, aunque coinciden en cuanto a su significado: la unión o extrema cercanía del mundo de los vivos y el reino de los muertos. En Europa son muchas las ciudades en las que los jóvenes han decidido importar el modo con el que Estados Unidos concibe Halloween celebrándolo con fiestas y disfraces. Aunque en algunos lugares, como Inglaterra, la fiesta original ha arraigado de nuevo. El hecho de que esta fiesta haya llegado hasta nuestros días es, en cierta medida, gracias al enorme despliegue comercial y la publicidad engendrada en el cine estadounidense. La imagen de niños norteamericanos correteando por las oscuras calles disfrazados de duendes, fantasmas y demonios, pidiendo dulces y golosinas a los habitantes de un oscuro y tranquilo barrio, ha quedado grabada en la mente de muchas personas. En esa noche los espíritus visitaban las casas de sus familiares, y para que los espíritus no les perturbasen, los aldeanos debían poner una vela en la ventana de su casa por cada difunto que hubiese en la familia. Si había una vela en recuerdo de cada difunto, los espíritus no molestaban a sus familiares; si no era así, los espíritus les perturbaban por la noche y les hacían caer entre terribles pesadillas. TRADICIONES MANZANAS. Para el año 43 a. C el Imperio Romano había conquistado la mayoría del territorio celta, y en el curso de 400 años, dos festivales de origen romano se combinaron con la celebración de Samhain. El primero fue Feralia, un día en que los romanos conmemoraban los muertos, y el segundo fue el día en que honraban a Pomona, la diosa romana de las frutas y árboles. El símbolo de Pomona es la manzana, y probablemente explica la tradición del juego de Halloween en donde se intentan sacar manzanas de un recipiente con agua sin utilizar las manos. DULCE O TRAVESURA. La tradición de ir de casa en casa diciendo «dulce o travesura» se remonta a los primeros desfiles del Día de los Muertos celebrado el 2 de noviembre. Durante las festividades los ciudadanos más pobres mendigaban comida y las familias les daban dulces llamados «pasteles del alma» a cambio de que rezaran por sus parientes fallecidos. Esta tradición fue eventualmente reservada solo para los niños, quienes visitaban las casas de su vecindario y le daban a cambio comida y dinero. (Concepcion Ruiz Minguez -Mar 27/10/2015) Actualización 31 de octubre 2020 De aquellos Halloween de antes no quedan más que los recuerdos, especialmente en los cuentos de los niños que disfruten con sus “trueques”. A pesar de no agradarme estas fiestas, no lo haría en fechas señaladas sentimentalmente por todos los que seguimos fieles a las luces de las ánimas, pero si por las sonrisas de los niños cuando abro la puerta y te dicen sus palabras mágicas. Es por eso también que ya abro la puerta preparada con una cesta de bombones y con una sonrisa amarga. Cierro la puerta mientras oigo el jolgorio de sus risas, unas risas que cortan el alma.
La historia de los orígenes de la celebración de Halloween. Si bien esta fiesta es celebrada en gran medida por Estados Unidos y ha estado siendo replicada en los últimos años en Chile, tiene sus orígenes en Europa, en celebraciones celtas.
RELACIONADOS. Cómo celebrar Halloween de día y de noche
La celebración de Halloween es una de las fiestas más importantes de Estados Unidos, celebrada hoy tanto por adultos como niños. Como muchas otras celebraciones, esta fiesta ha sido adoptada por muchos países de habla no inglesa, entre ellos, Chile. Si bien la fiesta se celebra con fuerza en Estados Unidos, tuvo sus orígenes en Europa. De acuerdo con History.com, la celebración se originó de un antiguo festival céltico llamado Samhain. Los celtas, quienes vivieron hace más de dos mil años en lo que ahora es Irlanda, el norte de Reino Unido y el norte de Francia, celebraban su propio año nuevo el 1 de noviembre. Este día terminaba el verano y la cosecha y era el comienzo de helados inviernos, una época asociada con la muerte de personas. De acuerdo con las creencias celtas, la noche antes del año nuevo los límites entre el mundo de los vivos y los muertos se estrechaban, haciendo posible que los espíritus retornaran a la Tierra. Además de causar daño a los cultivos, se creía que la presencia de los espíritus permitía a las Druidas, los sacerdotes celtas, hacer predicciones acerca del futuro. Para alejar a los malos espíritus, los celtas comenzaron a encender fogatas y usar disfraces, los que consistían en vestir las cabezas y la piel de un animal, para alejar a los espíritus que vagaban. En el s. VIII, el papa Gregorio III designó el 1 de noviembre para honrar a todos los santos y mártires, por lo que la festividad de Todos los Santos incorporó algunas de las tradiciones de Samhain. La tarde antes de Halloween, o como originalmente se llama «All Hallows’ Eve» («Víspera de todos los Santos» en español) se comenzó a celebrar, pasando a ser un evento secular y basado en la comunidad con juegos infantiles como se le conoce hoy. En la segunda mitad del s. XIX llegaron muchos inmigrantes a Estados Unidos, especialmente irlandeses que huyeron de la gran hambruna irlandesa de 1846. Estas personas ayudaron a instaurar la celebración de Halloween de manera nacional. TRADICIONES MANZANAS. Para el año 43 a. C el Imperio Romano había conquistado la mayoría del territorio celta, y en el curso de 400 años, dos festivales de origen romano se combinaron con la celebración de Samhain. El primero fue Feralia, un día en que los romanos conmemoraban los muertos, y el segundo fue el día en que honraban a Pomona, la diosa romana de las frutas y árboles. El símbolo de Pomona es la manzana, y probablemente explica la tradición del juego de Halloween en donde se intentan sacar manzanas de un recipiente con agua sin utilizar las manos. DULCE O TRAVESURA. La tradición de ir de casa en casa diciendo «dulce o travesura» se remonta a los primeros desfiles del Día de los Muertos celebrado el 2 de noviembre. Durante las festividades los ciudadanos más pobres mendigaban comida y las familias les daban dulces llamados «pasteles del alma» a cambio de que rezaran por sus parientes fallecidos. Esta tradición fue eventualmente reservada solo para los niños, quienes visitaban las casas de su vecindario y le daban a cambio ale, comida y dinero.